lunes, 28 de diciembre de 2015

uno sesenta y cinco

Mido, la cantidad de tabaco que puedo fumar ahora que no fumo y mido,
la distancia felina con la que estar cerca de mis amantes.
Mido el norte que me sobra para verterme en sures, mido:
en el espejo la línea de las arrugas
en el teléfono las llamadas a madre
en el trabajo el precio estimado de los minutos
en la boca del perro la intención de los ladridos
en el filo de la pinza la negrura del pelito
en el whatsapp el tono de los mensajes.
Cuento
la mitad de lo que pienso mientras todo lo cuento y calibro
cuántas copas de vino necesito para que me pasen
los otros,
los miedos,
esta falta infantil de compromiso,
de tierra,
de mares.
Me mido en la seducción aprendida y os mido
el número de dientes bruxistas que filtran palabras de amor y pretendo
jugar a que este caos es ir fluyendo mientras mido,
compulsiva,
el nombre de las etiquetas de todo
lo que no
lleva tallaje.

domingo, 27 de diciembre de 2015

.daduic

Tengo acá adentro un recorrido de gusano
que me arranca en la boca y va a morir
a la luz
del final
de mi vagina.
Hay un gusano que me preña
la garganta de lo incontable y tiene
pelos pequeños
que pinchan.
Mi gusanito me sabe mapa
y recorre -como vagón de metro-
las vísceras
húmedas
de la ciudad que soy.
Se atasca con la curvas,
va masticando las veces
que estoy a punto de enfermar,
engorda de mis casis -está orondo el gusanito-.
Asoma una de sus puntas
al balcón de mis pulmones
como un patriarca arrugado revisando con la mirada el número
de sus viejos olivos mal regados.
Hace como que asiente y susurra aliviado que las células
tienen la forma
que se espera de las células.
No voy a contarte todo
lo que me recorre el gusano pero,
digamos que, tú entras en juego,
cuando se está despertando en mi útero
de la cálida siesta,
y se deja caer en tobogán
y se choca con las yemas de tus dedos
y te empuja
cuerpo afuera.
No lo ves,
porque me lo he inventado,
pero el gusano ha venido a enseñarte
que no hay cueva para ti en esta ciudad.
Y me repta pringoso la piel
de poros abiertos a la fiesta del sexo,
y antes de morir deposita
en cada poro un huevo,
y del poro que no abrazas nace un gusano
que me abre la boca y va a parar
a la luz de las próximas yemas.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Sábado.

Sábado. Seis y media de la tarde. He salido pronto del sex shop porque el dependiente no paraba de mirarme y tenía cada vez más ganas de gritarle, de vomitar, de gritarle. Un pasillo largo con cabinas de luces azules, rosas y moradas para llegar a la calle, respira flojito, y sólo en caso de necesitar aire. Yo había entrado por curiosidad y por si acaso han inventado la vibración silenciosa. No buscaría el silencio si viviera por fin sola. Más bien, sí, más bien lo huiría. Tengo al lado del portátil un ron cola. Nunca hasta hoy había entendido la importancia de tener alcohol en casa. Nunca tan arrepentida como hoy de no haber guardado un ‘’por si acaso’’ cuando dejé hace un par de meses el tabaco. Si mi padre me viera pondría esa cara suya de ‘’la vida así da asco y no tendría por qué darlo’’, esa cara de ojitos de perro abandonado, la boca diminuta, el leve movimiento de cejas subiendo de cuándo en cuándo como diciendo ‘’qué se le va a hacer, la estás cagando’’. He visto esa cara. Sin embargo normalmente me mira con una mezcla de culpa, cuidado y orgullo. No sabiendo bien cuánto es capaz de conocerme. Temeroso de romperme. Todos tienen miedo de romperme excepto los que tienen miedo de que yo les rompa. Voy a por tabaco.

Sábado. Siete menos veinte. Un ron cola y un cigarro. La gente se amontonaba en el chino para decorar sus casas de alquiler con espumillón importado. Hoy me han cancelado una cita a la que no quería ir, se me ha notado.  No quería ir porque no sabía cómo decirle que ni de coña. Que me necesito toda. También así: en un salón precozmente oscuro y consumiendo drogas leves para regañarme, por ponerme piedritas delante de todas las prioridades, pero sobre todo por  no haber borrado ya la brújula en un vuelo transoceánico.

Tengo que tengo que tengo que Basta. Practico con esmero la autodestrucción cuando estoy débil porque, como casi todos, yo también soy idiota. Qué azucarado el alcohol, qué seco el tabaco.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

qué hacemos.



He puesto las noticias en el desayuno y
me ha dado vergüenza la paz de esta casa
oyendo a los muertos lejos de este fuerte.
Pero la paz no puede dar vergüenza.

Ahí afuera están matándose y muriéndose y nosotras tan vivas.
La alegría es ahora y está aquí,
no la condenes,
hay que vivirla cuando es ahora y está aquí.
La justicia no existe y el mundo en guerra.
Y nosotras, joder, tan vivas.

*


Yo no sé escribirte lo que quiero.
Mientras tanto creo que es hora de decirte que me gustan tus ronquidos
porque significan que estás,
que tú o que yo nos hemos atrevido
a cruzar el manzanares respirando fuerte,
para dormirnos después de follar cada átomo que nos hace cuerpos
y salirnos del cuerpo y, yo no sé escribirte lo que quiero,
pero me entiendes.
Qué regalo,
me entiendes.


martes, 22 de septiembre de 2015

tos para los caramelos

Contigo me dan ganas
de escupir en cada cruz de robar un coche nuevo de
tragarme las horquillas de una boda contigo, me pongo muy mala,
pero que malísima,
y quiero hacer grafitis que renieguen
de cuanto nos han enseñado
y romperle los cristales a los bancos
y tirar de las corbatas que gobiernan
y decir muchos insultos, muchos, MÁS,
vamos a inventarnos las palabras espantosas,
escújtules
rajkes
invénidos
poláncrides,
VAMOS, dame más,
dámelo sucio dámelo hambriento iracundo más roto,
dale,
rómpeme aquí, empuja,
estréllame contra el escaparate de un Bershka y grita

VOY A FOLLAR CON ESTA MUJER PORQUE ESTA MUJER TAMBIÉN QUIERE FOLLARME

Y VAIS A QUEDAROS MIRANDO, INVÉNIDOS DE MIERDA, VAIS A MIRARNOS

VAIS A MASTURBAROS qué palabra espantosa masturbarse Y VAIS

A SABER QUE ÉSTO ES LO QUE SE HACE CON LOS CUERPOS, SO POLÁNCRIDES,

QUE SOIS TODOS UNOS JODIDOS RAJKES.

Contigo me pongo mala,
muy mala, malísima. Escújtula perdida y aún así
ya ves, mi chico malo,
mi forma
de ser mala es
chiquitita y pienso
que me quieres porque soy
tan buena.

domingo, 13 de septiembre de 2015

di un olor.

Que apenas tengo un olor, dijiste.
Yo quiero tener un olor.
Uno lo suficientemente mío y lo suficientemente de otras
que haga que te gires en la calle porque de repente
AY
y entonces yo
sin cuerpo y en mitad de tu camino
(valiente hija de puta)
oliendo a, UH,
con un olor que sea volver a alguna casa,
ésta que soy yo y que llevo a cuestas
como un caracol.

Tenía una amiga, Paula.
Paula tenía un olor que era el olor de su casa.
La ropa que me dejaba Paula era llevarme a Paula. Quedármela.
Me enamoré de su madre, y de su padre también. Un poco
(porque yo a la edad de apenas tener años,
ni olor,
ya era muy de enamorarme de la gente con montones de años).
Los abrazos que me daba Paula eran como unas llaves
haciendo clín clín clás hasta su casa. Hasta sus padres.

Tú también tienes un olor
muy tuyo
y un poco de otra gente.
A veces estoy caminando y de repente,
AY, AY. UH.





Das parfum



miércoles, 9 de septiembre de 2015

muertos de sangre

Esta noche he hablado con los muertos.
Grandes, profundos, afilados.
Tallándome amenazas en la panza
cosiéndome las faltas que he faltado.
Muertos de sangre usando nombres de árbol.
Y arrugaban con pezuñas mi garganta
Para impedir que me saliera el aire.
Casi me ahogo, de dentro, incapaz de deshacerme del aire.
Toda esta vida que yo sí pero ellos nada.
Me estaba ahogando.
De no poder gritarle a la muerte de mi padre.
Quiero gritar gritarlo todo.
Mi abuela era una vieja de doce años
¿no me reconoces?, preguntaba.
Media melena oscura tez morena silueta delgada
¿no me reconoces?
¿no reconoces a tus muertos de infarto
A tus muertos de alcohol
de navaja
de tos
de bien mal curado?
Esta noche he hablado con algunos muertos largos
con algunos muertos tiernos y con muertos que he matado.

La taza dice Bonjour!, la puta taza.
Inflada hasta el filo de cereales y fantasmas. 

sábado, 18 de julio de 2015

La ventana indiscreta

Sale con las gafas de sol por bandera y su hermana, que esperaba frente al portal, se le cuelga como un pájaro del brazo. Van a pasarse por Cortefiel a buscar blusas de manga corta para el verano,

- que las del año pasado no me están buenas
- Normal, si es que te has debido de quitar lo menos cinco kilos.

En la calle se espachurran bajo el calor del sur. Grita: ¡Juan!, y la voz de Juan contesta desde el otro lado de la ventana abierta, hecho Juan misterio aún para los dos transeúntes con sombrero que se atreven a cruzar la achicharrada calle Lira, y para la cotilla de en frente, que pone allí los ojos y pone también el oído. Y oye la voz de Juan, cómo bordea la cortinas y se tira de cabeza contra la cabeza de Carmela:

- ¿Qué quieres?

- ¡Tírame el abanico haz el favor!

- ¿Dónde lo tienes?

Y los dos transeúntes y la cotilla de en frente (esa soy yo), nos preguntamos, ¿dónde lo tendrá?

- En el cajón de mi mesilla de noche.

Y los dos transeúntes y la cotilla de en frente nos colamos por la vía de la imaginación, pero nos colamos, vaya que sí, en su alcoba.

Vente.

Estamos frente a la cama: la colcha doblada cuatro veces a los pies, se ve que a Carmela aún le viene el frío algunas madrugadas. Una silla junto al armario de madera, de lo menos cien años, que se alza altísimo sobre baldosas de suelo colorido: baldosas de las que guardan en su geometría montones de piedritas diminutas, bien pulidas por cuarenta años de pies haciendo del hogar, camino.

¿Estás aquí, tú que me lees, conmigo? nos hemos metido en su casa, vamos, a inventarles una historia juntos. Compraron el piso al casarse. Cuando los chicos eran pequeños salían a jugar al patio de corrala, que es como el vientre del edificio, con los niños del Manolo. Una vez, debía andar el pequeño por los cuatro años, tuvo un traspiés muy malo con una alfombrilla de las que dice ''Bienvenido'' y rodó como un pollo escaleras abajo. Nunca he visto rodar a un pollo, ¿y tú?, no sé si se dice así. Pero imaginemos al niño estirando los codos, como pequeñas alitas, que golpean una vez y otra contra los escalones, imaginemos, que es más divertido, al niño cacareando del susto.

Ese día lloraron los dos, madre e hijo, abrazados al final de la escalera, con esa carne tan joven anunciando verbena de moratones. Y Juan se reía un poquito, porque Juan sabía que al niño en verdá no le había pasao ná, viendo a su mujer presa de aquel disgusto echando a borbotones lágrimas por esos ojos tan chicos.

Qué ojos tan chicos tienes, Carmela. Ella habría preferido que, de vez en cuando, le dijera también que son bonitos. Pero Juan no es muy de decir las cosas. Salvo aquella vez que, por su aniversario, le despertó con besos de lengua una hora y pico antes de que arrancase la radio que anunciaba el trabajo. Y le dijo Carmela, Carmelita mía, hoy sales de aquí llena de flores (en la silla que hay junto al armario el vestido perfecto lleno de margaritas) y la cara contenta. La cara contenta era porque, bueno, ya te lo imaginas. Durante una hora, enterita, aparcando la costumbre del placer a oscuras antes de dormirse, cubriendo de saliva rincones que llevaban lo menos cinco años sin beso, y olvidando pudores y diciéndose uno a otra qué buena estás, cuánto te quiero, porque era verdad, y también para que se le pusiera a Carmela cara de contenta contentísima.


Juan saca por la ventana un cuerpo de cintura para arriba. Rechoncho como una cosa abrazable, peludo como un osito. Y en su mano el abanico blanco de Carmela.

- ¡Cógelo!

Ella lo atrapa al vuelo. Se sonríen. Y él grita GUAPA con la boca muy cerrada pero el corazón hecho cascada que corre desde aquel 1º izquierda al corazón de Carmela, que lo escucha. GUAPO TÚ, responde igual de calladita.

Su hermana le tira del brazo y empieza el paseo breve hasta la calle de las tiendas. Se va a comprar la blusa más bonita que encuentre y esta noche, Juan, ¿me desabrochas los botones? para quererse con los cuerpos mientras el barrio duerme, la cotilla de en frente les sueña, tú juegas a inventarles las posturas, y aquellos dos transeúntes recorren en autobús carreteras (qué bonito y qué calor, en Sevilla. ¿volvemos en Diciembre?), de regreso a una casa con historias que podemos inventarnos otro día.



(Calle Lira, Sevilla, 2009)

leve

La vida puede ser más leve la vida puede
estar esperándonos en el Dunkin' Donuts
respetar las señales de tráfico leer,
la versión online de algún diario,
y llevarnos a comprar rosas de plástico a algún chino.
Puedes intentar mirarme flojo, más flojito,
rascarnos mutuamente las espaldas,
salir a correr los domingos -qué bonito que han dejado Madrid Río-,
hacernos cosquillas a ver
quién se mea antes.

Te miro
y me acuerdo de que no queda lechuga.
Pero pienso también que
qué bonito ese lunar,
qué cara de paz, mientras duermes,
qué bien huele tu nuca,
vaya culo.
Tú me miras interrogando las pausas
insistiendo en que te escondo tramas retorcidas,
jurando que saltarás de mi mano
cuando me atreva a saltar
y mataremos los fantasmas que viven conmigo.

No has pensado que la vida viene sin paracaídas,
que tienen nombre, mis monstruos,
y me acompañan bonito
ni imaginas que lo que más me preocupa es
que el bocata lleve muchos calamares,
que la cerveza esté fría,
que las sábanas huelan a suavizante,
que funcione el ascensor que me toques
mucho el pelo
mientras dices, vaya mierda,
ya no hay nada que merezca la pena
en la televisión.

viernes, 17 de julio de 2015

nosecuántos pies

Hay días en que se te mezclan todos. Te pones a pensar en la terraza en la que desayunabas con M y en seguida estás recordando cómo era querer a J. Vienen a tu memoria todos los avisos de C (es ahora o no va a ser), la forma en la que D lograba que se te mojaran las bragas tocándote apenas el hombro y haciendo bailar hueso contra piel. Y ya no sabes a quién echas de menos.

Y le escribes un mensaje a C para que entienda, ¿lo sabrá quizás?, lo terriblemente importante que fue. Y le dices a C que gracias por haberte querido cuando tú estabas doblada una vez y diez sobre ti misma, abrumada (¿en serio me quisiste tanto?), hecha un ovillo de nervio y duda. Porque de repente necesitas, necesitas absolutamente y con prisa que C entienda que tú sí que quisiste pero que, y, joder, la boca de C, voy a escribirle a C un poema voy a.

Pero entonces D. Mierda, D. Qué difícil nos lo hiciste qué de trampas le pusiste a las ganas que tuve de… a las ganas que tengo de. Mierda, D, tengo que llamar a D, decirle que.

Y paseas sola por la calle en la que J saltó del tirón seis cajas de cartón hechas fila sobre el suelo, y el amor con J se te antoja Amor, y el amor de M sabe a cruasán francés y qué ricos los cruasanes y qué hambre, qué hambre de M por dios.


Y ya no sabes a quién echas de menos. Y vuelves a casa y hablas con una pared muy blanca y le dices, le dices a una puta pared ay, cómo os he querido, cómo os quiero tanto a tantos yo, joder. Y te metes en la cama y nosecuántos pies, nosecuántas manos nosecuántas bocas hechas agua, nosecuántos cigarritos de después.

Mira gracias, no.

Hay personas que vienen para enseñarte lo que no.

Creo que rara vez lo saben
y creo que luego del dolor, les pensamos en la acidez de un gracias. Mira gracias, así no.

Él me preñó de noes nuevos
que desenterraban algunos de los síes
con los que la cagué, antes.
Noes que apenas le nombran que no le conocen: me ha devuelto culpas de otros que hice culpa mía
me ha devuelto
la vergüenza
la arcada
la trampa en el trato esta mordaza rara. Qué poco me pega el silencio qué mal me va.

(Él que por no querer no quiso ni serme importante.)

Hay que ser muy rápida en el no. Y hay que ser coherente.
A veces es más fácil
hacer Sí. Bueno, Vale.
Dejar que te hagan un sí en el contrato,
en la terraza del bar
en el bus
en el coño.
Este coño es mío. Sí, ya sé que lo sabes. Lo que no dije es que no. Que contigo no que así no.

Hay personas que llegan para enseñarte a echarlas.
A echarlas con serena
gravedad
con una certeza de cuna hija de las dudas mayores.

Cargo bien los labios brota un: no.
Así no. Bueno vale no,
gracias.



ven vamos a hacernos mimos en una canción de Silvia Pérez Cruz

hoy estoy pensando que tal vez
existas.

y sospecho que tú eres
Nadie.
que está de fiesta la imaginación.






jueves, 28 de mayo de 2015

qué plan

Huelo mal. Abro las piernas para extenderlas sobre el macuto y la señora de mi derecha se entera inevitablemente de mi sexo. Estiro los brazos para hacerme una coleta y el señor de mi izquierda acusa en un gesto arrugado el sudor de mis axilas. Hace muchos días que no paso por casa y ya no sé qué casa es esa. ¿Pesa mucho?, pregunta en el ascensor del metro un extraño en nuestra única oportunidad de compartir diálogo. Un poco, pero ya llego, he respondido. Ya llego a dónde. A qué estoy volviendo.

Hace muchos días que salí de casa. Que guardé en este macuto lo primero que alcancé a tocar en el armario entreabierto y oscuro. No quise encender la luz supongo que para no despertarme. He subido a autobuses y he parado en estaciones de servicio. He robado tabletas de chocolate y casi me llevan a comisaría por una lata de acuarius. He dormido en las aceras hasta que pude dormir en la arena. La arena por fin, había pensado. Pero qué va. Ni idea de qué fin es ese, a estas alturas. No sé qué aventura es esa que estaba esperando.

La ciudad es salvaje. Tengo que ahorrar para sacarme el carnet, quiero comprarme una furgoneta como la de Cris, la chica por la que quise emborracharme en el kilómetro equis y que se me escapó de seis besos y tres dudas.

Vuelvo a casa, cómo estáis. Bien, bien, toda una aventura. Bueno bien, un poco volada. Voladísima. Dónde está esa ducha. A ver si me sale algún curro, quiero sacarme el carnet, voy a comprarme una furgo y a montar dentro una cama. Voy a mirar las estrellas de los sitios sin farolas con la cabeza colgando por fuera del maletero. Y a hacerme un dedo y que no baste. Voy a seguir buscándome la soledad del viaje. Huelo mal, dónde está esa ducha.

lunes, 18 de mayo de 2015

me muerdo los dedos cuando

tengo un padrastro.
Cuando quiero mojármelos.
Cuando quiero que te mojes.

Lo hago casi siempre que estoy preocupada. Nerviosa. Asustada.
O distraída, también cuando me distraigo.

Tengo en la boca los dos pulgares
porque estoy a punto de ganar algo.
Cuando pierdo, tengo en la boca los dos pulgares.

Me he metido el anular en la boca para hacer sonar tuc-tuc a mis uñas contra los dientes.
Para leer sin la voz.
Para esperar a que termines de leerme.

Me muerdo me chupo los dedos
cuando saben a comida. Cuando la comida es tu orgasmo.
El mío.

Me meto en la boca los dedos
porque estoy de foto.
Porque ay, pica.

sácate las manos de la boca,
que están sucias.
Yo me muerdo
mucho
buscándome el placer el dolor la conciencia de la carne.
Mi sangre.


me muerdo los dedos cuando.





sábado, 16 de mayo de 2015

sal.



Quiero la piel roja de sol y salada
el pelo apelmazado en mechones rizados de sal
Quiero ojos vena roja y uñas escama
el oído buceando caracolas y el
ombligo acunando una arena blanda.
Límpiame tú, mar, de lo que no será.

Hoy he soñado que conocía a tu hijo.
Tenía el pelo rubio pero nunca fui su madre
estaba aprendiendo a andar y nos mirabas con vergüenza
porque nunca fui su madre.

Me he soñado pegando la oreja a una pared de esperas.
Al otro lado le hablabas de mí a tu psiquiatra y ella te decía
basta
olvida a esa mujer ya basta,
tú desesperabas.

Buenos días soledad. Yo quiero el agua turbia
con las olas leves
haciéndome en el iris un paisaje
de geometrías suaves.
Limpiarme esta mañana en agua sal hecha de lágrimas
que no lloré yo. Que lloró la soñada.

lunes, 11 de mayo de 2015

setecientas treinta noches conmigo




Va a hacer dos años del día
que cumplí veintiséis años y dijimos:
esto no va, mi amor, qué puta mierda, qué locura.
(Y algunas palabras más).

Setecientas treinta noches abrazándome al cojín marrón de terciopelo
al rojo pequeñito al azul marino a una sudadera al bulto del edredón a otros cuerpos que no son el tuyo                                                                                                               a
                                                                                                                          lo                                                                                                                                                            que                                                                                                                                                                     sea.

A los seis dormía sola y a los veintiséis, ya ves.
Fue faltarnos y no sé
concebir el sueño sin algo
que haga nido al otro lado de mi codo, que amasar con los dedos.

Había un dolor de pájaro roto en las noches sin otro,
en las noches con otras que quise olvidar antes del desayuno.
Había un dolor, mi amor, de no estar sabiendo
que no existe forma de que duerma sola.
De no haber entendido que nadie
duerme
nunca
en una cama vacía.














domingo, 10 de mayo de 2015

zumo de asfalto

Fotografía: Pelillosderatón


Se ha puesto las botas de agua porque no tiene sayo y en este mes nunca se sabe qué va a hacer de nosotras el clima. Y sobre las botas una falda corta que le enseña a todo el mundo sus rodillas moradas. Y sobre la falda una camisa sin mangas que deja ver unos brazos salpicados de lunares. Dan muchas ganas, al verla pasar, de echar mano de un bolígrafo y unirle aquellos puntos para hacer constelaciones.

Casi todas nos quedamos con las ganas. De hacer constelaciones en sus brazos, de recogerle el pelo tras la oreja (quita, que así estoy muy fea), de sacarle a manotazos las botas de agua y darle besos en la punta de los dedos de los pies (¿has visto qué bonitos, mis pies, con las uñas pintadas?). Camina hacia rincones que no cuenta a nadie y empiezo a sospechar que no va a ningún lado. Quizás porque ya está donde buscaba: Madrid es la casa hiperactiva y cementada que imaginó en la infancia de trigales, el olor a coche atravesado, el sabor a zumo de naranjas-gasolina. Madrid es una excusa para no tener que seguir siendo esa que todos esperaban, porque en Madrid sólo cuenta de sí lo que quiere que el resto contemos después, cuando marcha. Yo sé que la sé de mentira, pero es una mentira hermosa, la que enseña.

Todas nos quedamos con un algo de su ausencia prematura, con un algo de su voz rota y su tacto. Todas las que hemos brindado con sus manos frente a un vino blanco, las que se quedaron en el portal, las que le empapamos de olor a intimidad las sábanas que cambia, deprisa, la mañana en que nos vamos. No hay forma de no recordarla.

Está sola y pienso que se basta. Los cardenales de sus rodillas de los que antes te hablaba son de lanzarse aprisa contra lo que viene: y lo que viene es nuevo siempre, y en lo nuevo no le cabe nadie que ya ha estado. Tan inabarcable-tan ligera-tan honda, su huella de piel alunarada y esa sonrisa de niña que se ha terminado a escondidas las fresas que mamá preparó para los invitados. Tan de paso por todas-tan de paso en mi historia que ser anécdota en su mes de mayo es diminuto y me basta.

jueves, 7 de mayo de 2015

ritual

m*

Cuando hay un sol de tres días, las otras y yo machacamos cortezas del árbol de Jube que nos trae Modibo. Después las mojamos con agua del tercer pozo hasta obtener una pasta pringosa que huele a ser niñas y que no se puede comer, porque si te la comes te mueres, como le pasó a Laonna. Nos untamos el ungüento despacio, cantando suave hasta cubrirnos enteras, y cada una elige una postura del cuerpo en la que guardar silencio con la boca. Permanecemos quietas, hasta que se seca del todo. Cuando somos grises y niñas nos está permitido pensar en las cosas que no son. Viajamos así en lo intangible hasta que el picor se hace insoportable; entonces y de un solo movimiento con violencia cambiamos la postura para ver cómo se rompe aquella piel tercera en cien pedazos. Ahí, en el gris que fue agua y fue corteza, se queda pegada la imaginación y nosotras volvemos en fila a la casa siendo otra vez lo que importa: el peso del cuerpo que no es otra cosa que cuerpo.

{quince del once, dos mil trece}

pero tú no puedes decirme a dónde llevo tus cenizas. toda una semana de idiota jugando a imaginar dónde estabas, cuando estabas sólo. dándole una solemnidad pesada al ritual que quiero dedicarte. porque quiero ritual, celebrarte, enterrar con tus cenizas quéséyo que te acompañe en el vacío. que le reste vértigo. mi vértigo, no el tuyo. el de pensar que igual tienen razón, que quizás nada, ahora, cuando te acabas.

lunes, 13 de abril de 2015

Un blog

(i) autoretrato del exhibicionismo


Que me leas. Exactamente tú. (Vete a saber).
Que me intuyas los amores,
la fantasía los juegos de palabras que construyen mentiras.
Que imagines
           cuánto me duele la tripa
                       cuánto le echo de menos;    
y a mi madre, y esta casa, y a mis muertos, y ese viaje.

Que me dudes.
Que te enfades.
Que te sientas traicionado.
Que te busques en la inicial en la que te he escondido.

Me gusta lo que sabes de mí por este blog.
Me gusta cuando me borras. Cuando te lees a ti en lo que ha escrito qué coño más dará quién.

Que me leas. Que pases en silencio. Que dejes un comentario que me leas. Qué ego el mío.
Hace años que dejé de preguntarme por qué hago ésto.
Sé que para mí,
que el placer del desnudo.
Pero sé también que lo hago para ésto. Cinco años de ésto. Para lo nuestro.
Para la suerte-tremenda-suerte de ser leída.

Porque si lo haces
no
me
acabo

Canto a mi llegada



Haga lo que haga y para siempre,
yo habré nacido el día en el que ETA asesinó
a veintiuna personas en un Hipercor.

Haga lo que haga y para siempre habré pesado tres kilos
al nacer
habré tardado veintitrés horas
en nacer
habré nacido morada y con cabeza de óvalo.

Para siempre, y haga lo que haga,
seré la primera hija de Marta y Miguel Ángel,
habré sido concebida con placer y con amor.

Pase lo que pase habré nacido
de parto natural
con un huesecillo extra en el tobillo derecho,
con una clavícula rota por la urgencia del doctor,
veinte dedos,
ojos verdes,
todos los órganos en su sitio
y una cadera desencajada.

Yo siempre habré nacido yo.
A las cinco y cinco de una madrugada,
arrugada y buena como mi abuela Amalia,
respirando el aire de Pólux y su hermano gemelo Cástor.

Pase lo que pase mis padres
siempre habrán hecho el amor la noche antes de mi llegada
para provocar un parto que venía con retraso.

Aunque deje de gustarme el color azul
aunque me opere las tetas aunque me convierta al Islam,
yo habré nacido yo,
de entre todas
(¿cuántas?)
las posibilidades
de no haber sido.




jueves, 9 de abril de 2015

ko’olel

Hoy miraba a esta mujer bailando
con caderas que nacieron lejos,
nueve mil kilómetros lejos
de aquí.
Con los ojos cerrados la boca entreabierta y el pelo negro ondeando
como el humo en una hoguera de acampada.
Miraba sus manos largas
follarse con las yemas nuestro aire.

La imaginé a toda hostia sobre una moto
el año en el que debió descubrir los bares
y yo logré hacerle una trenza a mi barbie.
La imaginé pariendo un hijo, mujer piel de café y ojos pantera,
mientras yo aprendía a poner copas.

Cómo es posible, pensaba, que el tiempo y la geografía hayan sabido reunirnos.
La miraba cuando abrió los ojos contra mí y también cuando dijo con la boca ven,
chica piel de leche y ojos agua clara ven, baila conmigo, dijo, ven se tú, de entre todas las mujeres del planeta.





martes, 10 de marzo de 2015

iniciales

M sube los últimos peldaños de las escaleras que salen de la línea 2. La ve, junto a la papelera y con las gafas de sol a modo de diadema, los vaqueros remangados y subidos hasta el ombligo, colgada de una llamada en el móvil. M está preciosa y lo sabe porque se ha mirado seis veces al espejo-espejito-mágico-dime-que-soy-la-más-guapa en el tramo de Sol a Príncipe de Vergara. Demasiado preciosa como para correr el riesgo de que V no se de cuenta por culpa del móvil. Piensa en retroceder, escalón a escalón, como una gata que se aleja prudente de un fracaso pequeño, para volver a llegar un poco después como se merecen.

Pero V acaba de mirarla, y si hay algo que M no quiere es hacer el ridículo: sus pasos gatunos marcha atrás. No, todavía no. Porque V es a sus ojos algo así como un vaso desbordando espuma de Coca-cola, una cosa muy tremenda, muy rica muy inabarcable, un quiero más mucho más, un qué he hecho yo para merecer ésto, ''cuál es la lógica de que / se abra para mí  /  tu boca tan magnífica'', diría Drexler. V es demasiado demasiada.

Por eso disimula magistralmente (igual que supo disimular que no le gustan sus tetas cuando se desnudó en las manos de V), y avanza escalones arriba con una sonrisa más leve de la que siente.

Se abrazan un poco de lado porque de la oreja de V siguen colgando un pendiente de mariposa, un imperdible pequeño y un móvil. V la mira arqueando las cejas y apretando los labios hacia dentro de la boca (es decir: ''jo perdona, de verdad, qué inoportuna la llamada''). Luego junta hasta casi tocarse los dedos índice y pulgar de su mano izquierda (es decir: ''cuelgo en seguida, en este poquito'').

Y cuelga. Muy pronto. Menos mal, porque M estaba por pedirle un pitillo al señor que lee el ABC en aquel banco, una forma como otra cualquiera de fingir ocupaciones leves (es decir: ''no te preocupes, si no estoy histérica''). Menos mal, porque este beso, el que ahora le da V abriendo ligeramente los labios para acariciar los suyos con la lengua, habría sabido a tabaco.

Hace tres semanas que se conocieron y es la tercera vez que quedan. No sabe que la aparente seguridad de V también es esforzada. Porque a sus ojos, M es algo así como un peluche de oso suave en mitad del césped recién regado, un baile de texturas, tantas cosas que qué he hecho yo para merecer ésto, tantas Emes que da la sensación de que nunca la conocerá completamente, y qué bien.

Por eso, cuando V llegó a la parada de metro y se supo sola, no dudó un instante en llamar a su hermana. Una forma como otra cualquiera de fingir ocupaciones leves.





jueves, 5 de febrero de 2015

Dans le brouillard

'Pain', Makabresku


No tú no sabes qué son los problemas
Me ha dicho.
Imagínate que- pero he respondido que no 
me da la gana imaginarme
Que se me muere un hijo
Que nací en Sierra Leona
Que me revienta como una navidad la coca
dentro de las tripas.

Te quejas por vicio, me ha dicho.

Después ha enredado el brazo en la curva de mi cintura
Y con cara como de gorrión y la otra mano en mi nuca
Me ha acercado a un beso lastimero.  
Bueno no:
uno con lengua, lleno de saliva y con cara de león.     Para volver deprisa con su:
No tú no tienes ni idea de qué es estar mal,
No tener pierna derecha no saber hablar no – le he ordenado que callara.

Y se ha ido.

Hombre ya está bien. El próximo amor que imagine dirá
Estás tú muy jodida jugando a que existo.







domingo, 11 de enero de 2015

urgencia

Madrid ruge ambulancias o coches de policía, detrás de mi ventana. Y vete tú a saber, en algún lado:

Los sesenta años de Ernesta desparramados por la acera y su bolso peinando el viento en otras manos.

Las contracciones de Paula en mitad de la cena, su novia besándole en cada pinchazo, ya viene mi amor, las dos estallando pletóricas en un ataque de carcajadas.

O a lo mejor Pedro, Raquel y Vera desalojadas de una casa que lleva treinta años sin personas, una casa que estará los próximos treinta cerrada.

O el cerebro de Manuel. Secándose.

Felipe empuñando su navaja.

Virginia y sus subidones de azúcar.

Isabel maldiciendo el día en el que se casó con aquel desgraciado.

Marcos que sabe que es mejor no moverse, Marcos que avisa, al tipo del coche, no se te ocurra quitarme el casco.



Yo cruzo los dedos como me enseñó papá. Digo muy bajito buena suerte. Vuelvo al cigarro al twitter al libro nuevo me rasco la cabeza uy esto es caspa me acuerdo de alguien me olvido de Madrid-rugiendo-espantosas-posibilidades Paro. Escribo ésto. Cruzo los dedos: que sea Paula.

viernes, 9 de enero de 2015

¿y tú qué tal?

Hoy me he encontrado a un amigo de antes en la puerta de un Rodilla. Él entraba acompañado de una chica, yo salía con un sándwich frío. Su acompañante tenía una de esas caras especiales con lunar, y gesto de no necesitar nada más que lo que está teniendo (ni sándwiches ni Coca-Cola Zero ni rebajas de enero ni nada de nada). Ella se ha ido al baño y él se ha puesto a hablar sin esperarme las preguntas. Tenía en su cara de guapo una euforia asentada:

Cuando vuelva, te presento a mi novia. La conocí a principios de verano. Ella tenía algo que hacer en Bogotá y nos fuimos juntos. A la vuelta decidimos que ya no nos podíamos separar, no, no queríamos. Vivimos en una casita en el centro            y son felices.

Así que sigue pasando.
Los es ella
los
los YA
Los te quiero todo, sin condiciones sin esperas,
esa forma de lanzarse a ciegas
con total claridad.

Sigue la gente perdiendo las maneras jugándoselo todo bailando como si no les miraran.

Al tiempo que a mí me crece
robusto firme despiadado
el iceberg.