miércoles, 9 de noviembre de 2011

nonatas o el noejército violeta


Las mujeres que vivimos solas acá estamos encharcándolo todo de silencio. Por eso tengo el oído fino, fino, como si tuviera un murciélago metido en la oreja. Y soy capaz de oírte musitar que estás escribiendo. Maldito cínico. Estamos en silencio, creo, que porque te estás olvidando de que estamos.

Hubo un tiempo en que algunas hablaron y, por eso, sabemos que sólo necesitamos que dibujes un guión: una línea recta del tamaño de un cuchillo, suspendida en el aire. Tú nos dabas un guión y de repente a una de nosotras, la que estaba más cerca o la más chiquilla y avispada, le salía un chorro de voz de la mandíbula. No volvíamos a verla; se quedaba para siempre donde lo tangible.

A nosotras nunca acabas de parirnos. Pero sabemos que conservarnos ya sólo te indigesta. Nos pones los nombres de malas ideas, te esmeras en perfilarnos los cuerpos y después los aborreces. Sin embargo no eres capaz de borrarnos, así que nos vas almacenando inéditas, y acumulas viejas que abandonaste recién nacidas. Mira a ésta; ¿la recuerdas? iba a ser una cocinera sueca que perdía el tren más importante de su vida y tiene, la jodida cocinera sueca, un boceto de lágrima a modo de hilillo por el que se le va escapando, imparable, su propia historia.

No nos das el guión, pero jamás olvidas la lengua. Las que tenemos la carne más joven a veces nos amontonamos y empezamos a lamernos para divertirte. El calor condensado de este no lugar hace que confundamos el sudor con la saliva, la saliva con los charcos de silencio. Y a cada rato una entra en el tiempo del mareo y, sin quererlo, le parte la boca un mutismo que debería ser grito mientras tirita. Alguna acude rápido a ponerle una mano entre los dientes para que muerda fuerte, y así el placer tácito se le meta para dentro hecho ruido. El ruido baja entonces por entre los músculos, como si fuese un gusano atravesando un fruto, y le llega al centro mismo y allí, se vuelve cascada que se confunde con el sudor, con la saliva y con los charcos de silencio. Seguro que nos notas. Que se te eriza el vello en nuestra ceremonia, y después lloras nuestra feminidad estéril, tu impotencia de hombre.

Pudiste hacer de nosotras un circo ambulante: a casi todas nos falta un brazo, una nacionalidad, un color favorito, una estatura. Pero te limitaste a barrernos, violento y áspero, de un lado a otro, buscando que el polvo revelase algo que sí te sorprenda.

En todo este tiempo no te has atrevido a mostrarnos. Esta es nuestra venganza diminuta.

lunes, 3 de octubre de 2011

Doueiri dijo Lila

yo,
desde los catorce porque a los catorce
la carne me parió dos delicias
redondas
y decían, con los ojos, ''la carne te ha parido dos delicias redondas''.

pero en verdad soliloquio, los lunares
de las bragas rodando hasta el andén
de en frente y nadie,
luego,
nadie

apretándoseme contra el cuerpo esnifándome este olor,
mortal,
a cuerpo.

tantantán preciosa,
yo, que
nadie estampándome los labios
contra la boca
en la que piensan los chavales
cuando meten sus lenguas en las bocas de sus novias.

por eso, rás,
lo del pelador
de patatas.
ser mujer para los que cierran los ojos mientras follan.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Y allí, justo en alguna parte, yo

Yo quiero dibujar como Erika Kuhn pero,
mientras tanto,
toma todo el cuerpo todas las cosas
que no son el cuerpo que están en el cuerpo toma,
dime cómo me coloco dime, que no se me ocurra colocarme,
que bascule despacito en relevé
para salirte borrosa pídeme
que mastique la mina del lápiz y
te la devuelva
viruta
para hacer de mí un mosaico
yergue
algo bonito con estos pudores,
si quieres,
clavo aquí este pie y el otro en aquella mancha
del techo para que les hables
también de lo innombrable de mi cuerpo
que no importa de este pedazo, blandito, de carne,
rosa.
Arráncame las máscaras hasta
de los codos cuéntales
que soy así dime eres así haz que me lo crea.
Y luego escupe
una mancha de sangre con mi boca sobre el papel
seda y busca
en él las diminutas fibras que me evidencien las venas, di
que esa sangre demuestra
que estoy viva.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Kaputt sein

Te me has acabado, Kaputt, sin tragedia.
Con el último clín de Nyman pero tú, ah,
fásico,
con la campanilla abrigada de vino, ah,
bocado.
No zarpazos no, cristales en alféizar no
vecinos que me hayan oído que esto,
crack,
un poquito, en el abdomen.
No ritual ancho de sábanas que hagan de ti
(zas y chac y uh) lo que no supe.
No te tengo ganas, y no duele
mi no boca no pintada de morado
tu no sexo en mi no boca el
no fruto de mi vientre damos saltos
con tus pies sobre lo sacro.
Te me vas, no pum ni ¡joder! del no portazo,
aprovechando que es domingo y
tengo preparado un té calentísimo y tú
siempre diciendo
café
ya
luego
no.
Te me vas, hijo de puta, de golpe y sin porrazo sin
el grito sin
la rabia, eh,
que no hay rabia.
Que te me vas, Kaputt,
tan encantado,
Kaputt, yo no voy a,
no
voy
a

martes, 6 de septiembre de 2011

Foto: Duane Michals



De casualidad; yo estaba sentada en el taburete rojo mirando cómo regaba las plantas, el café ardiendo, me di cuenta del polvo, le dije ''qué de polvo'', ¿dónde?, ''en aquella estantería''. Y dice que fue ahí, que se le ocurrió de golpe. Me pareció una idea fenomenal. Decía que se le habían encogido las piernas de usarlas, y que en aquel edificio no cabía un ascensor, y que tenía la intención de quedarse en casa todo su tiempo y también todo el tiempo del mundo que le cupiese en su tiempo, claro, más no. Pero que era una pena. Por ellos, digo. Olía a café y olía a que las plantas estaban bebiéndose el agua. ''¿Pero hace falta que los lea?'' y me dijo que qué va, que estaban todos usados, que sólo los llevase de paseo.






domingo, 28 de agosto de 2011

me he metido el pulgar en la boca y el corazón en el coño
hasta curvarme la espalda
preñada de mí,
siguiéndome en la columna el rastro
que dé conmigo y me dé.
pelándome la voz gritando el nombre
como si el nombre significase yo
respirándome piel muerta de serpiente,
bebiéndome, y me sabe
la lengua a nadie.

necesito sorprenderme

viernes, 19 de agosto de 2011

Me recibió un cuerpo rosa de mujer coronando la fachada y, al reconocerme en las formas de aquella silueta, pensé que lo que haría intramuros iba a tener más de verdad de lo que hasta entonces creí que dejaban usar en esos sitios. Rosa, rosa fucsia para colorearnos toda la feminidad que algunos me exigirían perder cabalgándoles el culo. Fucsia insistiendo en nuestra niña, en pintalabios con los que pretendían que negáramos la boca, polluelo ingrato, a las bocas que traían la comida. Yo no. Yo hasta les escupía en el centro de la lengua para que no tuvieran nunca sed y se fueran a por agua al baño, es un segundo, y al volver otra vez tener que levantársela. También mi pelo como el de la silueta; apelmazado en manojos compactos que usar de riendas o de látigos. Quise riendas. Domadores. Ceramistas con los que abandonarme a la verdad material de ser la carne entre manos ásperas. Cada vez que estuve a punto de lograrlo se presentaban en aquella habitación mis padres, abrazándose suave como si ese fuese el único abrazo. Trataba en balde de repetir su gesto contra el cuerpo que se me clavaba. Mamá venía hasta mí y me colocaba una mano sobre un hombro, papá hacía lo propio sobre el otro y empujaban, empujaban con todas sus fuerzas hasta hacer desaparecer amante y colchón y dejarme, rígida, contra el suelo, agotada ante el peso de mi propio cuerpo hecho de amor. Veía entonces florecerme por los poros sus retratos en tatuaje, la habitación preparaba una mezcla densa en el aire que buscaba inútilmente conjugar semen y amor, yo me tapaba la nariz.

sábado, 13 de agosto de 2011

visión

la habitación es un cuadrado exacto. tiene las manos sobre las piernas, ella, sentada, ofrece las palmas al cielo y me dice: yo creo. un hombro desnudo, la camiseta manchada de leche a la altura del pecho flácido. En frente, mi padre escribe a cámara rápida sobre pentagramas de astillas de madera pegadas, una tras otra a la pared, hasta formar falsas paralelas. se gira a mirarme de cuando en cuando, echando babas y silbidos que yo repito sobre la guitarra. en medio de la habitación exacta. a ti nunca te gustó, aprendí dónde clavar los dedos, conozco la presión. Toco y a mi madre le sangran las yemas, la sangre brota hacia el cielo, yo creo, en línea recta; de cada mano sube un pentagrama líquido, rojo. él se gira, brusco, se le ha pegado al cuerpo todo el hollín de alguna chimenea, corre hasta ella, unta sus manos sobre el cuerpo negro, escribe delirios entre la sangre de ella, negros, y a los dos se les va cubriendo la piel, desde los pies hasta las cabezas, de un color espeso a medio hacer, un baño de leche condensada, que huele al pollo que despellejan sobre la mesa a tu hermana no le gusta con piel. giro los ojos hacia adentro, me veo el embrión de la migraña, allá arriba a la derecha, enciendo un lanzallamas.

sábado, 6 de agosto de 2011

miércoles, 29 de junio de 2011

Una vez me dijo que era idiota, llenándolo todo de grises en mis fotografías pudiendo contar, por ejemplo, ''limones encima de la mesa del jardín''. Contarlo en amarillérrimo. Que soy una romántica, cuita inveterada, y mentí cuando le dije que prefería idiota. Solía amenazarme con encender la luz, ¡zas! chorreando ingenuidad para coloreármelas. Yo le pedía que se lanzara por el Viaducto de Segovia o que se sentara a leer en el sofá. ¿En alto?, y le dejaba, porque ya me había acostumbrado a su canturrear las frases como en un concierto de hip hop. La tarde en la que dijo: a. femenina. Primera letra del abecedario español y del orden latino internacional, que representa un fonema vocálico abierto y central, me enamoré. De golpe. Y se me olvidó que debía dinero del alquiler y que por las mañanas me robaba leche. Salí del cuarto de revelado para sentarme en el sofá de en frente. Le dije: ''nunca te he hecho una foto''; despegó los ojos del diccionario. ''Tiene que ser azul''. ''¿Para qué la quieres azul?''. ''Para que no sea gris''. ''No sé hacerlas azules''. ''Entonces no''. Volví al cuartucho y él leyó que ababa es amapola. ''¿Y roja?''. ''Roja, vale''.











Ce y De. foto: Caye.







domingo, 5 de junio de 2011

Mi azotea

pies y blanco y sábanas, (i)



Yo tenía una azotea azul. En realidad no era azul. Y cuando llegaba de la universidad subía corriendo a mirar desde arriba. No sé el qué, las cosas. En mayo tenía la piel muy roja pero en junio ya estaba canela, porque las dos es muy mala hora para estar al sol. Mi azotea era una bañera de sol calentito y blanco. Ahora que lo pienso, yo tenía una azotea blanca. Allí decían que porque el blanco evita que el calor se cuele por las paredes hasta dentro de casa. A mí me dejaba ciega. Así que me compré unas gafas de sol, y Lucía se reía muchísimo de mi pinta de guiri. ''Sólo te falta el acento sueco'', y yo también me reía haciendo como que sabía qué acento tienen cuando hablan español las suecas. No me importaba mucho qué pasara allí, por ejemplo, en Suecia. Yo podía ver el pueblo entero coronado de azoteas y antenas parabólicas, con enredaderas que trepaban arcos haciendo, de algunas aceras, túneles; y viejitos en unos bancos y novios en otros. Fuentes. Más allá del pueblo, el monte del triguero se esforzaba, lanzando hacia arriba oleadas de cultivos secos, por parecer montaña. Todo lo yermo de la tierra y la cal de las paredes al alcance de mi mano. Estiraba un dedo, así, y tocaba la cruz afilada del tejadillo de la iglesia sin pincharme. A veces me tumbaba en mi azotea, sobre las baldosas coloradas que manchaban como la tiza, y nadie podía saberme desnuda pero ni siquiera así me sentía yo sola; imposible sentirse sola en frente de esa explanada inagotable de cielo. ¿Lo entiendes?, podía estar debajo de ese cielo y de repente incorporarme y llegar con los dedos hasta cualquier recodo del pueblo. Mi azotea era el anonimato desparramándose sobre todas las cabezas. Un útero con ventanal. Que si lo entiendes. Es que yo tenía eso: una bañera de sol calentito y blanco. Que no es por ti, de verdad, lo de la maleta.

sábado, 28 de mayo de 2011

apunte breve de mayo

Sol. Foto de Olmo Calvo para Diagonal
(de la Fotonoticia-Galería de 
http://www.diagonalperiodico.net/)







[A fuerza de rascar techo volvemos
cada una de las grietas agujero
precioso irrenunciable agujeros gigantescos que dejar
abiertos para que se cuele la luz o llenar
de esas cosas que elegimos
rascando techo antes
de que nos los atiborren
de cemento.]

jueves, 26 de mayo de 2011

recuento


(á), foto de (i)




el color de dulce afónica que me pones en la voz,
la navaja recta de tus ojos hendida hasta el cráneo,
hacernos árbol y hacernos serpiente, escalarte,
la caricia que me rindes sobre el pecho agónico.
y entre tanto, todo;
amarte tanto que llego
a escribir en un verso amarte,
el desarme, el fetichismo,
la casa que me ofreces en las manos.
beberme tu sudor que me hagas agua,
tu café y tu periódico en las terrazas
de otras ciudades.
tu boca hecha de pan el olor espeso de tus sábanas,
tu manera de aferrarte a mi cadera ancha como quien se estrella
loco y feliz
contra la vida.

Sobre todo, todo.
y esta necesidad de enseñarlo.

sábado, 7 de mayo de 2011

teatro


Se nos dan de baja
las caras
y alguien
nos dibuja a lápiz otra cosa que no son vidas sobre la boca.
Nos alquila contra las cejas ideas.

No tengo tripas ni tengo corazón pero ahora, soy todo tripas y todo corazón y todo postizo pero

casi

soy

casi








viernes, 22 de abril de 2011

Flores

Yo tenía muchos vestidos de flores, de esos medio transparentes, antes de que se pusieran de moda. Las otras siempre me tuvieron envidia, por la ropa y porque yo sí que sabía cuidar de mi niño; nada más despegarme el sudor de la frente lo metía enterito en el bidé para limpiarle el cuerpo y los ojos y los oídos. Y luego, ya arropado, me inventaba canciones para él. Yo sabía que no estaba hecha para eso que ellas, que las demás se aguantaban porque no valían ni lo que los hilos que me traía a mí Don Alfredo. Hasta que cantase les irritaba; la Josefina me pegaba con el puño hecho una roca contra la pared y ni por esas se me asustaba el crío, porque nació para valiente, parido en aquel antro palacio del vicio y siempre tan brillante su sudor tan limpio, mi frente chorreando grises y mi niño tan brillante como un milagro brotándome blanco del negro negrísimo de mi sexo. Yo ya sé que los niños se mueren fácil, pero el mío era distinto.

Mi bebé iba a ser listo a él no le importaba ni siquiera estar allí, habría valido para cualquier cosa. No gritaba cuando me escuchaba que gritaba yo, con Don Alfredo cosiéndome los muslos a su vientre. A las otras les molestaba que solo se encerrara en mi cuarto, tan joven y tan bien vestido. Así siempre, me decía, bordada en mí, bien apretados, para que a ningún hijo de puta se le olvide que esto es mío. Que me quería mucho, y yo aprendí a quererle un poco. Luego se quedaba dormido encima de mí y entonces sí, mi niño y yo llorábamos en bajito porque a mí se me estaban rompiendo los huesos. Y sobre todo porque al final siempre tenía que irse a no sé qué y me sujetaba fuerte contra la cama para separarnos de un único tirón. Hasta lloraba él, a veces.

Pero ya no me pongo esos vestidos, los de flores. Me sacó en brazos de allí, como a una princesa, todas nos vieron la sangre que nos mojaba la ropa y decían Adiós, adiós con sus manos asquerosas. Dijo que mucho mejor que el crío, que iba a fabricarme una muñeca de trapo rojita y rechoncha como yo, que él iba a ser el único en colgarse de mis tetas.

martes, 19 de abril de 2011

exhibicionismo

Ingenues Ladies, Cécile Decorniquet




No me sale. Trece borradores en el escritorio encima de una foto de Lartigue que no deja de moverse, como sacudiéndose las pulgas en verano. Tenía catorce, la papelera ha destrozado el pornográfico. Yo quiero escribir una foto con filtro cálido y no me sale. Decir cosas como que No sirve/esta manera de sentir. Escribir y conseguir que se te ponga dura. Que alguien llore. Quedarme pensando qué será de los que construí; como pienso ahora si estarán yendo Al Faro los Ramsay mientras permanece cerrado el libro sobre mi mesilla. Porque están vivos, los Ramsay, con una forma de estar vivos distinta a Virginia. O ponerme a escribir y, joder, escucharme carcajadas. Que se me ponga la nuca de gallina. Coger carrerilla, decir: regurgitar la papelera desarrugar las cartas caminar punta-talón desaprender a caminar hacerme un ovillo en mi madre nacer. Fabricarme en la cuna el mapa. Imposible. Qué hago si no sé porqué escribo. Qué hago abriéndome en impar la gabardina. Para enseñar esto.

domingo, 10 de abril de 2011

''oscuras y obsesivas''

Foto: National Geographic.



Dijo que aquello era como una broma pesada, dijo;
que ella podía escribir El Verso.
Una broma pesada, y no le daba vergüenza decirlo,
enclaustrada en la cautela escogida del genio.
Si quisiera, haría que los niños se infartaran y a los viejos
les diera por meter la manaza en la Nocilla
para restregársela después sobre la cara
y chuparse los unos a los otros, extasiados.
Que nos lo tatuaríamos en los cuerpos y
lo haríamos canción sobre la bici.
Ella podía, lo juraba, hacer que un ciego viera
su palabra sin el tacto.
Pero le provocaba terror-y vómitos-
pensar en la invasión toda de su intimidad
cuando muerta;
me contó:
si lo escribo me abrirían los cajones
mientras me abre la carne el forense,
y en mis tripas le parecería ver monedas,
y no me dejarían acabarme.

jueves, 3 de marzo de 2011

(´)esta

Puede que la vida esté siendo y yo en leggins,
congelándome el culo contra el suelo
de la cocina.
Simulacro de sonrisa en la mejilla
pespuntada
de cortezas de trigo Hacendado.
Una Coca-Cola como llenarse los tubos
de petróleo en ola rompiente. Qué asco. Pero trago.

Y todo deprisa,
como si me fuera la vida en hacerme entender
que lo necesito
para no desmayarme.

Este tacto de mi cuerpo
lleno de pinchos
desde que me deslleno de carne.
La carne rojísima en la arcada.
Comer hasta el dolor que sostenga un
¿lo ves?
hasta mi fragilidad me agiganta.

Escritura perlática:
la vida tiene que estar luego.

martes, 8 de febrero de 2011

clases de cocina

Ro. (i)




Miraba cómo batía los huevos para la tortilla, con el teléfono apoyado en el hombro y su hermana (y sus sobrinos y los clientes de su hermana y sus citas con el inepto del médico de cabecera) embistiéndole el tímpano. Clac clac clac contra el plato sopero. De vez en cuando alguna mirada rápida, con esos ojos redondos pidiéndome perdón y yo le sonreía, movía un poco la cabeza como cuando quieres decir ''no pasa nada'' pero no lo dices. Tenía catorce mechones prófugos de la coleta; parecía que acabara de despertarse de la siesta, a las doce de la mañana. ''Por la tarde imposible, tengo que ayudar a los niños con los deberes''. Clac clac clac cadencioso. Me había explicado que para que quede más esponjosa es mejor batir primero la clara. Yo quería rescatarla porque la decidí infeliz. ''Ya eres casi un hombre''; la muy idiota, yo cuidaré de ti, no voy a dejar que te salgan arrugas y llores la vida que te ha faltado.

''¿Y se gana dinero, cocinando?'', me preguntó una vez. ''Tengo un amigo que está de pinche en La Barranca y se saca sus quinientos al mes''. ''Yo con eso no tengo ni para la luz''.

La luz a las doce de la mañana en su cocina. Tenía la piel tan blanca que parecía a medio hacer, con aquellas pecas de canela lanzándose en cascada por su escote. Me cobraba ocho la hora y estábamos a punto de llegar a los postres. Ya casi nunca mandaba recuerdos para mi madre. Clac clac clac ''mañana te llamo, un beso''. No le di tiempo a girarse para decir ''lo siento, de verdad, cuando se pone a hablar no hay quien la calle''. Me abracé a su cuerpo pegando la nariz a su nuca y olía a tostadas. Pensé que iba a asustarse que me iba a empujar lejos de ella tocaba un crash, el plato hecho añicos los añicos pringados de huevo. Pero lo dejó con cuidado sobre la encimera. Subí las manos hasta sus tetas.

No me abrió la puerta el miércoles siguiente. No volví a intentarlo. Tenía la piel tan blanca que fue como atiborrarme de harina. Espesa. Si comes mucha harina cruda se te hace una bola compacta en el estómago. Esa bola cobra vida y no para de pedirte alimento, todo lo que tragas se incrusta en ella y tú cada vez más enorme hasta que un día revientas, en diciembre. Decidí que era terriblemente feliz sola.

jueves, 3 de febrero de 2011

tres-en-raya

Escucha: claro que todas, que Orión entero, que todas muertas. Y que esta luz es sólo memoria de estrella. Como las fotos que faltan, como nuestra maestría para el siamor después del noamor. Y qué cabrón, con esta forma de mirarme hoy (qué hacemos aquí, otra vez, tú y yo, y qué hacemos sin permiso para el tacto).

Todos estos años hemos debido hacer algo parecido a dejar un reguero de luz para alumbrarnos los cadáveres: tu canción nuestra de adolescentes suicidas, las pintadas de amor en aquel muro, tu cresta increíble mi culo aún perfecto.

Se ven bonitos. No te harás el triste tú sabías, que lo nuestro eran chispazos a fundido. Que dieciséis tiene más de número que de palabra y los números con piercing, haz la prueba, no son de fiar.

Pero eh, que estuvimos allí. Que lo vimos: Orión iluminándonos los pies hasta las dunnas. Tu cuerpo y el mío con su borrachera tibia, con la incredulidad de ser, de estar siendo, mayores y a medias.

Después aprendimos a odiarnos. Más después, tal que hoy, me miras y estamos tan lejos que me entra la risa.

Todas muertas, 16.

Pero eh: fuimos justo cuando su luz contra la arena (luz-cuerpo-luz-cuerpo-luz).



jueves, 27 de enero de 2011

Disparo en semiautomático

La horca de las medias abrazada a mis costillas. Trident engrudando adoquines, vuelta al gris. Où diables est la plage, más o menos. Un diccionario francés-español 5th printing 1984, printed in Switzerland. Octavillas blancas qué hay de mis revueltas universitarias. La acuarela del tío Emilio sobre un montón de cajas. Marroncísimas todas las cajas. Pero la palabra marroncísimo no está en el Diccionario. Que digas 'sí', 'sí', 'sí'. El autobús repleto de esquimales. Las 21:58 acotando el diálogo. Planear dar aire a lo espontáneo. Planearlo. Bailarme el espejo desnuda Narciso no sabía quererse. Llenarme el estómago de queso. Patear el trípode agarrarme la vida con las manos.

viernes, 7 de enero de 2011

berührbar

Me enamoré de él queriéndote muchísimo. Traía el café como tú, cada mañana; sin mediar palabra llegaba hasta mi mesa haciendo malabarismos que olían a nueve y media. Con esos ojos de querer arrancarme el sujetador con la boca. Yo abría el correo; tú, tu teclear lacónico a dos dedos, me contabais que anoche unas cervezas con Max y hoy libre a partir de las cuatro. Por ejemplo. Ein dicker kuss. Pero los besos por escrito no llegan a su destino, ya sabes.

Todo el calor del café de regalo. Como todo lo que me traía. Todo caliente, todo de regalo, tienes que entender: él, cada vez menos él, cada vez más parecido a lo que me quedaba de ti (tienes que acordarte: una vez fue tangible). La oficina se hizo nuestra casa. Yo me despertaba con el nudo del ombligo agigantado pensando en vuestros ojos de querer disolverme con saliva. Fue dejando de importarle que usara tu nombre para decirle mientras follamos. Tienes que comprender; todos se besaban en la calle.

des nombrar


Nude. Edward Wetson


Me he cortado la garganta en la intimidad
del autorretrato.
porque se me llenaba la bañera de peces,
no lo sabía evitar,
el vientre de telarañas.