Mostrando entradas con la etiqueta hasta el coño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hasta el coño. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de diciembre de 2013

fun fun fun

Celebráis nosequé parto
el cáncer que quitó de en medio al tío
la herencia que afiló vuestros colmillos
brindando en copas finas
partiendo caparazones de bichos
que nunca han oído hablar
de vuestro Dios.

Festejáis que el tío Paco
se emborracha para imaginarte desnuda
que a la abuela no le da ya la cabeza
para oír lo de tu aborto               ,
y mamá llora a escondidas
la ausencia del cabrón que fue tu abuelo.
Di familia con la boca espesa
finge que la espesan polvorones.

¡Salud!
por la nueva hipoteca del primo
por la claustrofobia del armario de Lucía
porque tu hermano no quiere saber quién eres
porque la virgen se está peinando
porque aún no te han embargado
porque papá tiene una hernia de hiato
porque la tía te ha regalado una crema
ideal para las primeras arrugas
y tu cuñado quiere hablar contigo
del fútbol y del frío.

después
de las diademas de reno
de las medias con carreras
y el vientre hinchado de muertos
y burbujas,
después,
inaugura otros tantos cientos de días
que tengan algún sentido.


viernes, 7 de enero de 2011

berührbar

Me enamoré de él queriéndote muchísimo. Traía el café como tú, cada mañana; sin mediar palabra llegaba hasta mi mesa haciendo malabarismos que olían a nueve y media. Con esos ojos de querer arrancarme el sujetador con la boca. Yo abría el correo; tú, tu teclear lacónico a dos dedos, me contabais que anoche unas cervezas con Max y hoy libre a partir de las cuatro. Por ejemplo. Ein dicker kuss. Pero los besos por escrito no llegan a su destino, ya sabes.

Todo el calor del café de regalo. Como todo lo que me traía. Todo caliente, todo de regalo, tienes que entender: él, cada vez menos él, cada vez más parecido a lo que me quedaba de ti (tienes que acordarte: una vez fue tangible). La oficina se hizo nuestra casa. Yo me despertaba con el nudo del ombligo agigantado pensando en vuestros ojos de querer disolverme con saliva. Fue dejando de importarle que usara tu nombre para decirle mientras follamos. Tienes que comprender; todos se besaban en la calle.