lunes, 18 de julio de 2016

El poliamor a la basura que en cualquier momento pasa el camión y yo verás yo es que estoy más bien hasta el coño. Y te quiero. Mucho.

En todo caso buscaría un compañero de lecturas.
O de remadas ligeras en las barcas del Retiro.
Porque, seamos sinceros:
tú no lees una mierda
y yo ya no sé cómo convencerte de lo chulo que es subirse
a una barquita chica
en medio de un charco chico
a creernos marineros.

Eso, eso buscaría.
Alguien que me lea en voz alta dos párrafos y tenga una voz que, uf,
fíjate cómo dice las exclamaciones y qué forma de hacer las pausas.
Y leería para ese alguien con mi voz de uf y después, comentaríamos la lectura.
O me sentaría sola en un banco del Retiro
y buscaría con los ojos a una extraña que tuviera los ojos aquí encima y le diría anda,
tú,
desconocida,
ven a navegar conmigo.

Pero follar,
querido,
cómo iba yo a querer follar con otro
haciéndonoslo como nos lo hacemos nosotros.

Justo follar,
querido,
no sale mejor con ninguno.
Porque con ninguno hago el amor tan cerdo.
Con nadie follo amando tan duro.

sábado, 25 de junio de 2016

QUE NO. enviar a todos

''Me bajo del carro de este 'amor de usar minúsculas', o algo así nos llamaste la otra noche y no estabas tan borracho. No es porque no seas una delicia, Pablo. También los milhojas me parecen una pasada y no voy a tirarme todo el año con milhojas en la boca. ¿Lo entiendes? lo entiendes. Perdóname por hacerlo así de mal. Te mando abrazo.''

*

''Me encanta que follemos. No vamos a follar más. Ha sido emocionante y te agradezco un montón que me hayas enseñado a cocinar rico y aleatorio. Cuídate mucho, Sergio, y prométeme que nuestras fotos no van a acabar en Instagram. Beso...''

*

''Hola Miguel... no sé bien cómo hacer esto, así que lo haré rápido, que no es más fácil pero sí más... eso, joder, más rápido. Ahí va: no es verdad que siga vivo, lo nuestro. Estamos esforzándonos por mantener las constantes de una historia que se nos caducó cuando aún compartíamos sofá y salas de cine. Se nos murió cuando aún estaba siendo, mi amor, y a mí no me da la cabeza ni la energía para intentar que resucite. Has sido lo más sano, ancho y bonito que tuve. No te empeñes en quedarte (yo, que no me quedo, voy a pensarte siempre). Ojalá seas feliz.''

*




Después apagó el móvil, apuró la copa de vino y se encendió un cigarro de vainilla porque el tabaco de vainilla, aparte de ser una puñetera cerdada, no le recordaba a nadie en absoluto. Se secó las lágrimas, se besó el hombro y recordó el consolador naranja que le habían regalado sus amigas en aquel cumpleaños. Durante casi diez minutos celebró la soledad. En el minuto once abrió la ventana del salón, sacó medio cuerpo fuera y escupió. También empezó a notar una ansiedad muy jodida haciéndole el pecho pequeñito y preguntó en voz baja ''¿dónde estás, quién eres, por qué tardas tanto?''

ayunas

Miro tu última conexión al whatsapp
como si esa fuera la hora a la que te quedaste dormido
y voy calculando cuándo te vas a despertar
para empezar a estar muy triste por no darte los buenos días.

Barcelona, Forum, 7 de noviembre de 2015


Quién soy yo y por qué sostengo un cigarro.

También me cuestiono por qué no han usado tomate natural en las tostadas; pero desde esta terraza se ve el mar, y el mar es una cosa que deja pequeñas a todas las demás cosas. Mar, enséñame a relativizar como tú sabes. Tal vez podría haber una guerra aquí delante, con soldados y barcos de guerra y gente atravesada, y tal vez yo seguiría mirando el agua, porque el agua, qué barbaridad, qué inmenso, cuánto agua.

Me gustaría seguir camino. Que alguien con pocas ganas de hablar me suba en coche a Francia. Vagarla. Aburrirme tanto de estas tres camisetas que las camisetas dejen de significar otra cosa que protección de agresiones externas y adaptación al protocolo. Nada de belleza textil en mi cabeza.

También me gustaría llamar a mi madre desde Marsella, por ejemplo, y decirle que la quiero y que somos un desastre y que claro que es nuestra culpa y que eso es una buena noticia, porque está en nuestras manos cambiarlo.

Pero que a mí me pilla con las manos en otro país porque, verás, mamá, necesitaba estar muy lejos para hacer una selección más precisa de los fantasmas.

Nadie se queda con mi macuto mientras recorro el murete de piedra que me separa del mar, mientras me baño. No quiero volver a casa. Me gusta la gente que no sonríe en las fotos. Y esta playa.

Tengo miedo de dormir una de estas noches en la calle porque tengo miedo de que cada vez vaya pareciéndome menos disparate. Se me difuminan los márgenes de lo aceptable. Lo bueno. Lo limpio. Lo yo.

Hola, Irene, estás aquí porque no sabes lo que quieres y eres tan valiente que te has atrevido a huir para buscarlo.

uh quita quita

Ya no me dan miedo
las hormigas de culo rojo
ni volar en un avión
ni que se me note el bigote y sin embargo este miedo al amor,
será posible.

viernes, 17 de junio de 2016

1997



C quiere saber cómo besar con lengua a los chicos. ''Yo puedo enseñarte''. C tiene 7 años, yo 10. Buscamos un lugar algo escondido en su jardín, abre la boca, yo meto la lengua entre sus dientes y la muevo haciendo círculos de noria hasta que ella me sigue el juego.

Separamos nuestras bocas. Tenemos las comisuras mojadas, a mí me brillan los ojos y a C le arden las mejillas. ''Así se besa a los chicos'', sentencio.

Ese. Ese fue mi primer beso. Empecé mintiendo. A C, pero sobre todo a mí misma.



tres

Claudia tiene la edad de las certezas.
Sus pezones apuntan al cielo y por debajo late fuerte la necesidad de hacerlo grande. Lo que sea, lo que surja, lo que viene es siempre grande, juega a parecer definitivo, intenso, salvaje.
Sabe besarme mejor de lo que besé a sus años, y apaga la luz, más por dejar entrar en el cuarto a la imaginación que por pudores. Porque Claudia aún no se conoce, pero al fin ha superado la edad acnéica de esconderse.

Olga levanta la vista de un libro para tantearme.
Tiene la edad del escepticismo y deja en cada cigarrillo besos de carmín. En sus manos no hay tabú, las yemas de sus dedos me vencen, y en lugar del grito tiene instalado un jadeo profundo y sincero en el placer.
Quiero que hable, quiero que Olga hable y disimulo
que su forma seca de explicar el mundo
me define.

Yo tengo la edad del por qué no.
Miro a dos mujeres temblando sobre mis muslos. Miro mis muslos y veo a dos mujeres, que me acarician como se toca un dibujo, admirando algunas líneas, esquivando sus errores. Quiero a dos mujeres que saben que tengo la edad de serles sólo casi. Pero estoy más viva, sabed, porque las tres respiramos presente.

(una vez vi a dos tirándose del pelo en una plaza)

Me fijo un montón en sus caras
en el grosor de sus labios,
la forma en que utilizan los ojos para mirarnos,
los arcos de los timbres de sus voces.
Me esfuerzo por imaginar la forma y tacto de sus tetas,
a qué sabría lamer los dedos de sus manos,
cuánto les sudan las ingles.

Y gano.

Por un momento hago un concurso y gano
y soy la más todo, vaya imbécil,
la más todo,
un perro meando en el hocico de su hermano,
una quinceañera dispuesta a dejar calva a la adversaria
en la guerra que con la voz no declaro
a todas las mujeres del planeta
instalada en la necesidad de ser
tu favorita.



4. 2. 2015

mi

Quiero hablarte de una cosa:
De lo mío con la muerte, esta forma de mirar mesas y sillas
temiendo que van a sobrevivirme.
De lo mío con los cuentos
que me convencieron del rojo
y de la importancia importante
de serle especial a alguien.
De lo mío con el cuerpo y esta capacidad
nueva de gustarme. También de cuando me creí espectacular.
Y quiero hablarte de los años del desprecio.
O de lo mío con Él, y con Ella, y con los que no usan
mayúsculas en su inicial.
¿No lo ves, joder?
Todo lo mío
todo lo mío
qué vas a hacer con lo nuestro.


(Diciembre de 2015)

miércoles, 9 de marzo de 2016

la palabra grande.

Nota mi nombre en la lengua
cada letra es un sabor a de-gustar-te.
Hazme el nombre desde el diafragma,
respíramelo suave y nota,
nota cómo va trenzándote los dientes,
apriétame el nombre contra las estrías
de tu paladar profundo
y acúnalo en saliva que nos sane.
Dime, dime a mí,
enjuágate, hazme gárgaras,
limpia tu voz en los significados todos de este nombre
toda yo quepo en tu boca si me dices.




lunes, 29 de febrero de 2016

29 de febrero.

Me peina y me colorea Andrea Pisani. Me convierte en foto Daniel Torrelló.

El próximo hoy está a años de éste.
Hoy es un día que alucina cuando existe,
día de uy, día de ¿sí?,
día regalo para desenvolver prisas.
Por eso yo a hoy le he hecho caso y:
Firmo el pronto cese del esguince
mando los currículums del vértigo
pido que decidas si me quieres
y admiro mi coño en un espejo.
También he ordenado los tuppers.
Bailan lo gigante y lo chiquito
al día veintinueve del paréntesis.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Qué romántico.

Cada tarde la misma esquina subterránea. Transbordo de metro a metro cruzando calles enterradas de paredes de azulejos, y dos semanas seguidas, él: aquel tipo joven de ojos negros sobre silla plegable de IKEA, con guitarra y canciones de Silvio en la boca. Ir a trabajar se convirtió en la excusa para escucharle tocar. Yo apoyaba el hombro contra la pared y tarareaba bajito Ojalá y Te doy una canción. A veces cerraba los ojos y otras veces los clavaba, descarada, sobre él. Y él sonreía y yo sonreía y nos entraba vergüenza y él agachaba la cabeza y yo me subía al vagón.

Empecé a salir de casa cinco minutos antes. A llevar en el bolsillo siempre alguna moneda con la que hacer sonar su gorra. Él amplió su repertorio y Drexler se instaló entre los dos. Un día aproveché el momento de lanzar mi moneda para decirle ‘’me encanta lo que haces’’. ‘’Me llamo Javier’’, respondió levantándose. Y nos presentamos con muchos más besos que dos.

Qué romántico: las bocas de un par extraños de palabra mezclando salivas en un cruce subterráneo. Entre beso y beso mi risa nerviosa, su mirada de placer. Y no pasó nada. Ni mariposas ni nada. O sea, pasó. Dame tu número y a qué te dedicas y a qué hora volverás y cuánto tiempo vas a seguir tocando aquí y un par de whatsapps después. Protocolos deshaciéndose de la sorpresa.

Al día siguiente cantó para mí esa de Drexler que dice sólo quiero verte bailar. Y bailé en aquel pasillo con esquina de la línea 3. Y no pasó nada. O sea, pasó: besos de lengua-vagón explorando bocas de túneles mojados, salir juntos del metro de noche y sus manos queriendo desnudarme en un parque y mi voz diciendo no, y sus manos insistentes y mis manos diciendo estate quieto, joder. Pasó que sus dedos en mis pezones y mi cara de angustia mirando alrededor, sin saber qué me angustiaba más: que alguien nos viera o que no nos viera nadie. Pasó que apretaba mi cuerpo contra el bulto duro de su pantalón y sentí asco. Pasaron mi enfado, mi empujón para quitármelo de encima, su expresión de desconcierto, mi sonrisa de ay perdón, cómo soy. Cuántas veces tenemos las mujeres que disculparnos por no follar después de haber sido lanzadas. Cuántas veces la vergüenza de explicar que querer algo antes no es sinónimo de querer cama después.

Y no pasó nada. Es decir, pasó: que aquel tipo de ojos negros me miró como se mira a una loca. Que volví a casa llamándome tonta por no abrir las piernas. Que la vez siguiente que besé a un tipo con el que no quería follar, follé. Sí, sí que pasa.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El hambre en cuatro pasos

PASO 1:

Te enredaría por las barbas unos espaguetis.
Pocos, media ración, con su salsa. Espesa, como tu barba.
Y sobre tu barba de espaguetis cremosos esparciría migas de pan. Blanco. Como tu cara.
Migas de pan blanco, de pie sobre los botines que me he comprado.
Míranos: tú tan tumbado y yo tan alta
tú tan viéndome las bragas y yo tan con el apetito chillando.
Lluvia de miga y corteza sobre tus barbas en salsa y yo:
cierra los ojos por si acaso y tú:
No pasa nada. (Porque llevas puestas las gafas). (Para verme bien las bragas).

PASO 2:

Y te comería la barba
y te comería la lengua
y te comería la polla.
Y en el abrazo de luego, en el abrazo largo de los cuerpos mojados,
ese en el que la cabeza vuelve a trabajar
y a decirte cosas feas
abriría la boca otra vez
y te comería el miedo.
Ese miedo nuestro que ahora te has quedado:
el miedo a quererme
a que ya no te quiera
a que funcione
a que no haya funcionado.

PASO 3:

Y me iría corriendo al baño.
A escupirlo. Qué asco. A decirle chao, chao, miedo, con música de cisterna.
Chao miedo chao, al mar a asustar peces gordos.
(Eso se lo cantaría bailando).

PASO 4:

Y tú te reirías con tu sonrisa de hoyuelos que madre mía,
y me mirarías mientras te quitas las gafas
y te llegaría el hambre
y yo estoy muy rica con mermelada de arándanos.




domingo, 24 de enero de 2016

hacer personas es una barbaridad

Ojalá, mi amor, parirte
teniendo menos dudas que ofrecerte,
una versión de mí algo más estable
comida sin cáncer
muchos libros de papel
una ventana a tu cuarto con orientación sur,
e historias de mis viajes por el mundo
para darte tropecientas buenas noches.

Estoy esperando, verás, para parirte
al padre gran amor de nuestras vidas
que quiera darte un nombre sólo tuyo
y besos como soles en la carne.

Espero que no conozcas una Guerra
que te gusten las bicicletas rojas
que no vivas sólo dentro de las pantallitas
que te mueras antes de que el planeta reviente
que nadie te diga nunca que has que ser duro
ni princesita.
Querría que celebres el cuerpo que te hemos dado
y lo emancipes de este cuerpo mío
del todo y sin despedida.

Estoy esperando a poder no llenarme el vientre
de las veces millón que he imaginado que existes
y que seas la sorpresa de alguien nuevo
y que nazcas y sea yo quien te pregunte
tú quién eres
y te tomes todo el tiempo para hacer
treinta y tantos borradores de respuesta
y al mirarme reconozcas, siempre, al Amor.

Pero si sigo esperándolo todo no voy,
me parece, a parirte.

domingo, 17 de enero de 2016

(diecisiete del uno del dieciséis)

Cómetela.
Estabas buscándola
lamiéndole la puerta, golpeándola
cada vez con un nudillo
cada nudillo mojado en una cama
cada cama más ancha.
Cómete la soledad
quítale rabia.
Estabas sembrándola
pidiéndote el valor, buscando el mapa,
cerrando las costillas para hacer de tu unidad la única casa,
costillas-persiana,
y el corazón hecho estancia hueca de luz a rayas.
Cómete-muerde-mastica la soledad en flor
huele tus nadies
entierra el hacha de amor que asustó a aquel tipo
siente el agujero que calma y rompe al tiempo en la panza.
Traga, trágate esta soledad de mierda
date cáscara
sé contigo
séte cálida.

lunes, 28 de diciembre de 2015

uno sesenta y cinco

Mido, la cantidad de tabaco que puedo fumar ahora que no fumo y mido,
la distancia felina con la que estar cerca de mis amantes.
Mido el norte que me sobra para verterme en sures, mido:
en el espejo la línea de las arrugas
en el teléfono las llamadas a madre
en el trabajo el precio estimado de los minutos
en la boca del perro la intención de los ladridos
en el filo de la pinza la negrura del pelito
en el whatsapp el tono de los mensajes.
Cuento
la mitad de lo que pienso mientras todo lo cuento y calibro
cuántas copas de vino necesito para que me pasen
los otros,
los miedos,
esta falta infantil de compromiso,
de tierra,
de mares.
Me mido en la seducción aprendida y os mido
el número de dientes bruxistas que filtran palabras de amor y pretendo
jugar a que este caos es ir fluyendo mientras mido,
compulsiva,
el nombre de las etiquetas de todo
lo que no
lleva tallaje.

domingo, 27 de diciembre de 2015

.daduic

Tengo acá adentro un recorrido de gusano
que me arranca en la boca y va a morir
a la luz
del final
de mi vagina.
Hay un gusano que me preña
la garganta de lo incontable y tiene
pelos pequeños
que pinchan.
Mi gusanito me sabe mapa
y recorre -como vagón de metro-
las vísceras
húmedas
de la ciudad que soy.
Se atasca con la curvas,
va masticando las veces
que estoy a punto de enfermar,
engorda de mis casis -está orondo el gusanito-.
Asoma una de sus puntas
al balcón de mis pulmones
como un patriarca arrugado revisando con la mirada el número
de sus viejos olivos mal regados.
Hace como que asiente y susurra aliviado que las células
tienen la forma
que se espera de las células.
No voy a contarte todo
lo que me recorre el gusano pero,
digamos que, tú entras en juego,
cuando se está despertando en mi útero
de la cálida siesta,
y se deja caer en tobogán
y se choca con las yemas de tus dedos
y te empuja
cuerpo afuera.
No lo ves,
porque me lo he inventado,
pero el gusano ha venido a enseñarte
que no hay cueva para ti en esta ciudad.
Y me repta pringoso la piel
de poros abiertos a la fiesta del sexo,
y antes de morir deposita
en cada poro un huevo,
y del poro que no abrazas nace un gusano
que me abre la boca y va a parar
a la luz de las próximas yemas.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Sábado.

Sábado. Seis y media de la tarde. He salido pronto del sex shop porque el dependiente no paraba de mirarme y tenía cada vez más ganas de gritarle, de vomitar, de gritarle. Un pasillo largo con cabinas de luces azules, rosas y moradas para llegar a la calle, respira flojito, y sólo en caso de necesitar aire. Yo había entrado por curiosidad y por si acaso han inventado la vibración silenciosa. No buscaría el silencio si viviera por fin sola. Más bien, sí, más bien lo huiría. Tengo al lado del portátil un ron cola. Nunca hasta hoy había entendido la importancia de tener alcohol en casa. Nunca tan arrepentida como hoy de no haber guardado un ‘’por si acaso’’ cuando dejé hace un par de meses el tabaco. Si mi padre me viera pondría esa cara suya de ‘’la vida así da asco y no tendría por qué darlo’’, esa cara de ojitos de perro abandonado, la boca diminuta, el leve movimiento de cejas subiendo de cuándo en cuándo como diciendo ‘’qué se le va a hacer, la estás cagando’’. He visto esa cara. Sin embargo normalmente me mira con una mezcla de culpa, cuidado y orgullo. No sabiendo bien cuánto es capaz de conocerme. Temeroso de romperme. Todos tienen miedo de romperme excepto los que tienen miedo de que yo les rompa. Voy a por tabaco.

Sábado. Siete menos veinte. Un ron cola y un cigarro. La gente se amontonaba en el chino para decorar sus casas de alquiler con espumillón importado. Hoy me han cancelado una cita a la que no quería ir, se me ha notado.  No quería ir porque no sabía cómo decirle que ni de coña. Que me necesito toda. También así: en un salón precozmente oscuro y consumiendo drogas leves para regañarme, por ponerme piedritas delante de todas las prioridades, pero sobre todo por  no haber borrado ya la brújula en un vuelo transoceánico.

Tengo que tengo que tengo que Basta. Practico con esmero la autodestrucción cuando estoy débil porque, como casi todos, yo también soy idiota. Qué azucarado el alcohol, qué seco el tabaco.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

qué hacemos.



He puesto las noticias en el desayuno y
me ha dado vergüenza la paz de esta casa
oyendo a los muertos lejos de este fuerte.
Pero la paz no puede dar vergüenza.

Ahí afuera están matándose y muriéndose y nosotras tan vivas.
La alegría es ahora y está aquí,
no la condenes,
hay que vivirla cuando es ahora y está aquí.
La justicia no existe y el mundo en guerra.
Y nosotras, joder, tan vivas.