jueves, 25 de marzo de 2010

Aurora


La vieja Aurora permanecía estática bajo el techo curvo de la parada de autobús. No le quedaba casi cara tras las grietas, ni cuerpo dentro de ese pellejo enlutado. Su pelo graso se disponía en mechones sobre esa cabeza cansada, con formas onduladas que emulaban lo que un día pudieron ser tirabuzones. Si escarbabas entre sus despobladas cejas y los hoyos que formaban sus ojeras, intuías unos ojos negros como su vestido, enmarcados por un blanco amarillento. No quedaba rastro alguno de sus labios, que empezaron a esconderse para mirarse las entrañas el mismo día en que desapareció Salvador.


Salvador y Aurora se conocían desde niños y se casaron siendo niños todavía. No habían tenido hijos, así que pudieron dedicarse a quererse sólamente el uno al otro. Él conducía un autobús moderno y rápido, y en los más de treinta años que trabajó en la empresa no tuvo ni un sólo accidente. Los que cogían a diario la línea 122 le saludaban cariñosos, y él respondía con el mismo afecto a todos. Aurora estaba muy orgullosa de Salvador, y Salvador se mató en la vía de servicio, volviendo del trabajo con un compañero. No conducía, pero se llevó la peor parte en el choque contra aquella furgoneta, cuando el coche en el que iba se saltó el semáforo.


En el pueblo, los más jóvenes la llamaban 'la loca del bus'. Los más viejos, Doña Aurora. Ella se presentaba como Señora de Gómez, y en su mano brillaba, siempre limpio, el anillo de bodas. Cada vez que se acercaba uno de esos autobuses tan modernos y tan rápidos, todos los conductores de la empresa, fuera cual fuera el que estuviera haciendo esa ruta a esa hora, saludaban con la mano a la vieja Aurora al pasar. Cuando había gente esperando al 122, Aurora aprovechaba la apertura de la puerta delantera para decirle al conductor que tuviera cuidado y recordarle que le esperaba para cenar.


Si escarbabas entre sus despobladas cejas y los hoyos que formaban sus ojeras, descubrías dos ojos de un negro azabache brillante, una mirada temblorosa cargada de amor. Y ese simulacro de labios construía una sonrisa, la sonrisa más bonita de la vieja Aurora.

4 comentarios:

  1. Bajo cada entrada pone "Lo sacó de la maleta I (Latina)". Y he pensado por qué era la maleta uno y por qué era latina.

    Qué bien qué bien :)

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  2. Qué bien que seas tú la primera viajante. Es un rollo que ponga I (LATINA) en vez de i (latina), que es como realmente está escrito. Pero sha ves, Internet en-mayuscula mi inicial...
    Estoy deseando que vengas a-por-un-poco-de-sal-blogera. Pero hasta entonces, ¡no se te ocurra cerrar el flog! que yo también te quiero tener accesible escriturilmente.

    Por cierto: cuiden que estén derechos los respaldos, ME TIENES QUE LLAMAR, de sus asientos.

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  3. Qué alegría poder leerte. Y poder leer algo así. Qué preciosidad. Me ha gustado demasiado. Y me ha emocionado en extremo. Precioso.

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  4. estoy en mi pueblo, prácticamente Portugal con las consecuencias movilísticas que eso entraña. vuelvo el jueves, creo. fotolog está muriendo, pero qué pereza el bloj

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