lunes, 30 de junio de 2014

cinco duros

Ella tiene mucho bla que te bla que te
pero al final no le.
Él tiene mucho silencio con trama
cajones con llave
un niño cansao de parar balones.
Tenemos que blá...
Ella se acerca café con posos
hormiga culorojo
galleta de diabético
amor ja ja já ja.
Él no la recibe aguanta
el chaparrón contra el cuerpo y se va
en la cabeza a algún sudoku.
Pero después follan y cuando follan crujen
los últimos huesos crujibles
de sus tátara
tátara
buelos así que
están créelo están
a punto de quererse sin retorno.


sábado, 28 de junio de 2014

Cuando me falta suelo te busco el nombre

Chris Killip, serie 'Work'

Vengo diez años después de imaginarte. Diez años es mucho tiempo para ensanchar-olvidar-rehacer-deshechar los amores platónicos: yo te había construido casa y aficiones, respuestas escritas a mi coqueteo ensayado, tú y yo habíamos compartido una playa, mucho sexo y comida casera. Allí, en la imaginación, en el aire.

Te llego tangible con el maletero a reventar de un futuro que no existe. Me dejas llegarte, nos gusta, nos sorprende, me haces agua, te hago grande, nos descubrimos nuevos: tú no eres mi mito adolescente, yo no soy la niña que descartaste. Tus vinilos, tus cosquillas suaves, tu cuerpo como una cueva templada y los balcones que me asoman a una ciudad donde nadie, apenas tú, me conoce.

Cantamos en tu coche y me parece que no necesito más. Pero hay más: tu mano en mi pierna, la mía hecha círculos sobre tu nuca, el perfil desigual de tu barba recortado contra un cristal que recorre paisajes a donde queramos. Porque podíamos haber sido eso: lo que queríamos, en vez de estar siendo aquí, con aquís diferentes, lo que no pude. No supe. No quise.

Los amores platónicos sólo hacen nido en el aire. Y sin embargo tú me diste suelo firme, cálido, para intentar sujetar este caos a alguna parte. No he sabido. No he querido. No se puede. Cuando me falta suelo te busco el nombre.

viernes, 27 de junio de 2014

Gorda

Tamara de Lempicka

Un día voy a encontrarle belleza al tabú que me nombra. A reconciliarme con el niño que se clavó frente a mi pupitre y desató todo el dolor de la etiqueta que no quise: gorda, dicho a los ojos con conciencia de disparo, gorda. Voy a perdonar a los tipos de acné y litrona que descalabraron mi esperanza de que alguno me bajase las bragas, porque gorda. A responder , a decir vale. Perdonar a fotógrafos, pintoras y cineastas por negarme. Al eufemismo que me brindas con amor, por negarme.

Alcanzado el vale, me lo traeré al colchón y grabaré con la cámara del móvil algún modo hermoso de tocarme. Porque, cuando sepa, sabré cómo tocarme hermoso. Quiero eso. Grabar esto, ésto, este cuerpo grande de dunas con pliegue y despliegue. Dunas para surfear a dedo. Embriagarme de carne, reconciliarme con la carne, celebrar el cuerpo que soy, encontrarme yo el placer. Mirar el vídeo. Correrme de mí. Justo un gemido después de perdonarme.



martes, 17 de junio de 2014

La Víctima

Yo estaba muerta de hambre, hacía calor y al arquitecto que proyectó ese edificio se le había ocurrido, qué vanguardista, diseñar grandes ventanas que ni se abren ni se cierran. Sólo de adorno, para que el sol se ponga chulo sin nuestro derecho al viento y ver la mierda del descampao que nos rodeaba. Hasta que a alguien con uniforme de aquel hospital no le diese por encender el aire acondicionado, tendríamos que sudar el encierro en una habitación nada más que beige, y sin tarjeta para la tele.

El que habría sido tu padre, de no ser porque está muerto desde entonces, me miraba algunos ratos en un rinconcito. Le hacían bolsas los vaqueros, estaba muy pálido. Seguro que no recordaba que las alubias del tupper de la nevera había que tirarlas. Tu abuela había llevado las cortinas de su salón a la tintorería. Yo pensaba, dando paseos de alanteatrás junto a la cama, que nunca había entrado en un sitio de esos, una tintorería, y que de pequeña lo decía con ene, así: tintonería.

También me preguntaba cuántos titulares se habrían probado antes de mandar a imprenta El País con esa mierda de portada, y si había que freír el jamón antes de añadir los guisantes. Guisantes con jamón... mmmm... de todo esto que pensaba en los lapsos -ya breves- de tiempo entre contracciones, la imagen de aquel plato de comida se erigió como mi no-lugar mental favorito.

- Aún así habrá que ponerle un nombre.

Eso dijo. De repente, desde su rincón. Con una voz que contenía todo el dolor, y que intentaba concederte, sin poder, estatus de persona. Una voz que no te habría hablado nunca así, con palabras de hablar con la gente, mi amor, porque nadie cree que el puré de cerebro con el que me atreví a parirte (en aquel hospital que es esta vida sin ventanas) te deje ser del todo una persona.




''Pequeña dimensión del tiempo/ es esta mujer''

Si hay algo que agradecer a los creadores de whatsapp es que me sigan guardando tu voz en breves y no tan breves notas de audio. El espacio leve que le dimos a los besos no me basta y además se confunde. ¿A qué dije que sabías?, ¿me acariciaste cómo, la cara? Durante un tiempo anduve intentándote, sin alardes de pasión sin muestras de arrebato: te había decidido así como a medias, en boceto, cargada de 'por si acasos'. Te intentaba tibia y apenas te encontré dos, tres veces. Tibia tú no, tan viva, tan despierta, tan poco callada. Tu nombre no le hace justicia a las tantas formas que tienes de ser maravillosamente rara. Una de ellas fue decidir recitarme algo sobre un amor alto y claro, tan tanto como ''Polonia invadida
Cyrano callando, un coche estrellado,
un último aliento, cosas así''.

Empezaste a acumular en la memoria interna de mi móvil notas de audio que quisiera cancionar, o no sé, ponerme en póster. Y los poemas que enviaste trampean sin vergüenza al calendario. Me dejan volver a decidirte un poco, a decidirte en dosis pequeñas, una cucharilla, gracias, de intención.

Hoy vuelvo a saborear ''el primer trago de cerveza'' y los baños del domingo, noto tu deseo en las palabras postapocalípicas de Durás y ''me matas, me das placer''. Sí, tu deseo. Tu risa delatándote, tu voz,
''las palabras
que iluminan lo oscuro,
tu voz
sin rostro,
sin límites,
estallido de Luz
tan lejanamente
cercano''.

Hemos construido una conversación de whatsapp que no cabe en ningún sitio. Un eco grande. No se tocan, los ecos, pero aún puedo jugar a imaginame Dios y hacerte exactamente Tú y entonces sí, por fin, probarte,
''a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca''.