viernes, 30 de mayo de 2014

a.m.

Me despierto porque te estrellas la mano abierta contra la cara y sin abrir los ojos dices nosequé de una hormiga que te ha mordido en un dedo, y también algo de que tengo dos hojas pegadas al pelo. Te miro a medias y se me frunce el ceño. ¿En el del oeste?, ¿nos estás soñando en el parque del oeste? A la vez que decido no preguntarte, te ríes con lengua y se te queda en el labio un rastro que brilla saliva. Como te brilla caigo en la cuenta de la persiana subida y el sol que va a ponerse a chillar a las siete, y pienso también en para quién está encendida en esta calle muerta la farola que hace que el labio te brille.

Mañana en el desayuno me aburriré mientras hablas de Chema el del curro. Te veré el amarillo dental que esta farola esconde y la barriga que a los treinta asumiste como propia. Tú tal vez me mires con ternura, porque tal vez esta noche has sido capaz de llevarnos hasta el parque, tumbarnos sobre el césped y besarnos como cuando besarnos era chaparrón y rascacielos y burbujas.

O puede que me cuentes que has soñado a otra, y reconozcas que ya no, que ya no me, y entonces, maldita adicción a lo estéril, sabes que seré capaz de convencernos del amor y retenerte en esta cama en la que ya no compartimos mas que tu parloteo onírico.

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