domingo, 27 de junio de 2010

Fotografía incontable

Ahora pasa una gran nube blanca. Como todos estos días, todo este tiempo incontable. Lo que queda por decir es siempre una nube, dos nubes, o largas horas de cielo perfectamente limpio, rectángulo purísimo clavado con alfileres en la pared de mi cuarto.

Fragmento de Las Babas del Diablo, Julio Cortázar


 








Si esto puede sonar, sonó así:
(a Cortázar, pero también a amor)


jueves, 24 de junio de 2010

Por culpa de Rodin

pienso en la piel fría, en el orgasmo frustrado, en la herida del labio auto-mordido.

Se me antoja que todavía gritan pidiendo auxilio. Que no pueden soportar estar muertas siendo tan arrebatadoramente bellas. Tanta quietud frenando el insoportable impulso de la acción. Que suplican juntar los labios, notar los latidos contra el rostro, empaparse de los dos, retorcerse hasta llenar todos los huecos, tornando la rígida dureza a carne blanda que se aprieta contra carne blanda.

miércoles, 23 de junio de 2010

Destriparse

''Ni tan arrepentido
ni encantado
de haberme conocido''
'Y sin embargo', Joaquín Sabina

A lo mejor no queda otra que acostumbrarse al chillido del yunque, al miedo, inagotable miedo de la no fuerza. A las nostalgias crónicas y a las súbitas, al mareo, al puño incrustante, incrustado de uñas antes del examen. A la incomunicación, los embates de ira, las reminiscencias de adolescente incomprendida. Quizás deba gustarle decir siempre 'de' después de 'casa', haberse librado de ese convencionalismo estúpido del cuarteto. Lo suyo es que asuma que es aburrida, que no ha leído tanto y que no leerá lo suficiente. Que deje de enfadarse si descubre que prefiere a Sabina en el altavoz (sin saltos ni toros ni putas ni Atleti), o que no sabe contener la pena inopinada, o que es jodidamente pedante. Seguro que es más fácil perdonarse lo frágil, que baste de pelear con aviones con casis con celos con números con la finura de todas sus pieles. No alimentar más la culpa del viaje de la llamada de los cuernos de los quince del pudor del exhibicionismo. Reconciliarse con su estúpida su tímida su sosa su trágica su decepcionante su cobarde. No quererse tanto que crea que puede, que debe ser mejor. No parapetarse tras el lenguaje.

miércoles, 9 de junio de 2010

La cita

Las escaleras mecánicas sonaban a hojalata de barraca arañada con un tenedor. Nunca había dado con la explicación de que se formen torbellinos a la entrada -a la salida- del metro. Y nunca le había importado. Pero hoy era vital no estropear el peinado.

La falda de flores diminutas y moradas bailaba sobre los muslos. El viento le erizó los poros de las piernas, y la escena le recordó a alguna película que no había visto. El maquillaje de los párpados entorpecía, pegajoso, el pestañeo fluidísimo brillante y oscuro. Esa mañana el agua de la ducha había salido muy fría. Pero no pasa nada, respiró tres veces seguidas hinchando el diafragma; no pasa nada.

Ya en el vagón, abrazó la barra azul que le hacía sentirse como una stripper. Tuvo ganas de girar en torno a ella, de subir y bajar con su lengua tragándose todas las huellas dactilares del día. Hoy no, hoy eres una dama, y frunció el rosa de los labios acomodándose en la exquisita apatía ensayada en el rostro. Así, casi casi, parecía una más.

Próxima parada, la suya. El estómago se agitaba debajo del vientre como si alguien estuviera haciendo la colada ahí dentro. No vayas a echarte atrás.

Escuchó sonar su móvil. Titubeó un poco al responder:

- ¿Sí?

- ¿Jaime?, soy mamá... ¿dónde andas?

- Lleeee...gando, creo, ¿por?

- Me vas a perdonar, de verdad, pero es que me han traído otro tochazo de papeles y lo arreglo ahora o mañana no me da tiempo. ¿Te importa si nos vemos otro día?

- Bueno, es que te dije que-

- Ya...si sé que era importante, pero seguro que puede esperar, ¿a que puede esperar?



***

Junto a la boca de metro hay un Peugot gris con el motor apagado. Dentro, Lourdes se muerde las uñas pegada a un teléfono móvil. Cuando cuelga apoya las manos sobre el volante. Los ojos cascada y a la barbilla temblona como cuando tienes mucho frío. Vuelve a marcar, esta vez para llamar a su marido.

- No he podido, Gonzalo.


Y Gonzalo no le dice que Lourdes, joder, es nuestro hijo, ni le dice tampoco que Lourdes, joder, es nuestra hija, ni le dice todos los insultos que se le ocurre decirle. Gonzalo le dice claro, amor, no tengas prisa.


***




Las escaleras mecánicas sonaban a hojalata de barraca arañada con un tenedor. Se arrancó la peluca y odió la tela fina de la falda, embrutecida por el huracán de salida.

miércoles, 2 de junio de 2010

Clitemnestra

Ya me conozco la aguja, los hilos y el canturrreo.
Ya la coreografía de los ojos, el espejo confirmando
que estoy lista.
Las personas que no eres,
los autobuses que no te traen.


La imaginación y sus trampas,
el resoplar
y al final,
correr las cortinas
perder la mirada
tejerte.




***********


''A veces
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien César Vallejo:
''Lo digo y no me corro''.
Pero él disimulaba''.

Ángel González