lunes, 26 de septiembre de 2011

Y allí, justo en alguna parte, yo

Yo quiero dibujar como Erika Kuhn pero,
mientras tanto,
toma todo el cuerpo todas las cosas
que no son el cuerpo que están en el cuerpo toma,
dime cómo me coloco dime, que no se me ocurra colocarme,
que bascule despacito en relevé
para salirte borrosa pídeme
que mastique la mina del lápiz y
te la devuelva
viruta
para hacer de mí un mosaico
yergue
algo bonito con estos pudores,
si quieres,
clavo aquí este pie y el otro en aquella mancha
del techo para que les hables
también de lo innombrable de mi cuerpo
que no importa de este pedazo, blandito, de carne,
rosa.
Arráncame las máscaras hasta
de los codos cuéntales
que soy así dime eres así haz que me lo crea.
Y luego escupe
una mancha de sangre con mi boca sobre el papel
seda y busca
en él las diminutas fibras que me evidencien las venas, di
que esa sangre demuestra
que estoy viva.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Kaputt sein

Te me has acabado, Kaputt, sin tragedia.
Con el último clín de Nyman pero tú, ah,
fásico,
con la campanilla abrigada de vino, ah,
bocado.
No zarpazos no, cristales en alféizar no
vecinos que me hayan oído que esto,
crack,
un poquito, en el abdomen.
No ritual ancho de sábanas que hagan de ti
(zas y chac y uh) lo que no supe.
No te tengo ganas, y no duele
mi no boca no pintada de morado
tu no sexo en mi no boca el
no fruto de mi vientre damos saltos
con tus pies sobre lo sacro.
Te me vas, no pum ni ¡joder! del no portazo,
aprovechando que es domingo y
tengo preparado un té calentísimo y tú
siempre diciendo
café
ya
luego
no.
Te me vas, hijo de puta, de golpe y sin porrazo sin
el grito sin
la rabia, eh,
que no hay rabia.
Que te me vas, Kaputt,
tan encantado,
Kaputt, yo no voy a,
no
voy
a

martes, 6 de septiembre de 2011

Foto: Duane Michals



De casualidad; yo estaba sentada en el taburete rojo mirando cómo regaba las plantas, el café ardiendo, me di cuenta del polvo, le dije ''qué de polvo'', ¿dónde?, ''en aquella estantería''. Y dice que fue ahí, que se le ocurrió de golpe. Me pareció una idea fenomenal. Decía que se le habían encogido las piernas de usarlas, y que en aquel edificio no cabía un ascensor, y que tenía la intención de quedarse en casa todo su tiempo y también todo el tiempo del mundo que le cupiese en su tiempo, claro, más no. Pero que era una pena. Por ellos, digo. Olía a café y olía a que las plantas estaban bebiéndose el agua. ''¿Pero hace falta que los lea?'' y me dijo que qué va, que estaban todos usados, que sólo los llevase de paseo.