domingo, 19 de diciembre de 2010

Tenía todos sus días para adiestrarse el desnudo renacentista. Cada vez sabía más sobre su tacto, conocía nuevas sendas y maneras. Ella, siempre con ella, todos sus días. Se sabía afortunada sabía, que todos los que la miraban deseaban el cuerpo. Y sabía también que todos los que amasaban el cuerpo marchaban con la sensación, hueca y aturdida, de escalera de caracol. Por eso se esforzaba ella, toda su ella en contar las maneras, desgranar las pistas que ofrecer a la otra parte. Y siempre era igual. Fue enfermando de sola. Siempre la carne apretándose contra la columna comba y siempre la voz del a punto del casi del no. La voz del no, siempre, del hoy tampoco. Todos sus días con todos repletos de tampocos. El cuerpo, toda la suerte de ser el cuerpo condenado a la unidad.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Tic touché tac touché tic touché tac touché tic

Vuelvo a tí todo el rato. A la sorpresa del tiempo
ligero como la nieve bañando a Toledo con blanco
el mes que viene.
A tu perfil de moneda romana empeñada en la cruz,
decidiéndome.



También te acuerdas.
Teníamos miedo de decepcionarnos.




Yo te vuelvo todo mi tiempo. Y tienes los ojos como
las escaleras del faro yo
subo corriendo
para llegarte a la cumbre y aullar
toda la vida que me das cuando me domas
vientre abajo.




Con la sorpresa
de Cronos olvidándose de las grietas.




desdeltren