sábado, 27 de noviembre de 2010

y la fábrica de chocolate

Papá conducía; dije: no soy capaz de pensar en una canción que no exista. Seguro que sí, contestó, usa la imaginación, verás como puedes inventarte una melodía nueva. Todo el rato venían hasta mí las que ya había escuchado. A veces, pensaba que tarareaba algo completamente inédito, me subía la emoción hasta la frente y, de pronto, me daba cuenta de que había cogido partes de aquí y de allá para reinventarlo. Reinventar. Aquello era como un sofrito de ruidos de la noche anterior calentado en el microondas. En realidad ya está inventada toda la música. Claro que no, se reía papá, cuando yo compongo estoy creando cosas nuevas, que pueden sonar parecidas a otras, pero probablemente no ha habido nadie que las haya tocado como yo. Cómo puede ser, me aterroricé, que miles de millones de personas sean capaces de combinar sonidos de forma distinta no una, sino cientos de veces a lo largo de su vida. Cuántas posibilidades existen, dónde se guardan todas las canciones que se fabrican todos los días. ¿Y cuando yo me invento un cuento, no lo ha escrito nadie antes que yo?. Qué maravilla, ¿verdad?, me sonrió desde el retrovisor.

se dice bualler

Devoro con la mirada toda trama amorosa y en ella descubro el lugar que sería mío si formara parte de ella. (...) aunque su persona me sea indiferente, incluso desconocida; estoy aprisionado en un espejo que se desplaza y que me capta en todas partes donde existe una estructura dual.
Roland Barthes, Fragmentos de un discruso amoroso

Allí estaban , de pie junto al escenario del Jimmy Jazz. Él aún llevaba puesto el ego de líder de banda, su otra cruzaba los brazos, resuelta a cargar con la homilía ensimismada de aquel patán atractivo. Porque debía parecerle atractivo. Cuando se cansaba de hablar, sin apenas mirar a la cara redonda de la chica, se abalanzaba su lengua sobre la boca de ella y comenzaba a escarbar buscándole un qué sé yo en las entrañas que nunca encontraba. Qué más da. Retomaba su sermón, levantaba las manos, emulaba discusiones que habría mantenido con boludos a los que, por supuesto, venció. Nuevo ataque, lengua contra dientes, forcejeo, ella va cediendo abre la boca, deja que él se le cuele otra vez por el paladar. No había mucha luz pero observé que la chica usaba leotardos con rayitas de colores, y él usaba greñas. Tenía un tatuaje de penitenciario en el brazo derecho, un tatuaje de yotambiénquieroiralacárcel, papi. Hablaba-engullía-hablaba. (Yo) no soportaba su aliento a divo penetrándome por la nariz, ese sabor a cerveza a cambio de robarme sorbos de saliva. Pasar el brazo por debajo de su axila sudante de un éxito minúsculo. Así que hice vibrar mis cuerdas frente al micro, me salí, soy la hostia joder soy la hostia. Y voy a arrancarte con la boca cada línea coloreada sobre el muslo.
- Vaya cara de pasmo tienes -me acerca una voz al oído. Yo. Tan de golpe yo. Y ellos junto al escenario, de pie, ellos todavía.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Poesía

Men se ña ron que cual quier po e maes
sus cep ti ble den ten der se.
Que cuan do me sa len gri tos en
las le tras es toy fa bri can dohi pér bo les.
Que cuan doél de cí a po e sí aes
con dí a mu jer.
Que soy la si néc do que de no so tros.

Y era mentira.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Quieta no quieta sola tú no


Multitud. Antonio Saura, 1982.



Puedes caminar sola. Dirigirte a-, sola. Pero no puedes sentarte sola. No puedes sentarte ahí sola y no hacer nada, no tener excusa. Saca un libro, llama a alguien, puedes, como último recurso, revisar los apuntes de clase. No puedes estar ahí sola no haciendo nada. Violentas a la gente, ¿es que no lo notas? les estás incomodando. Mirarte es verte contigo del todo y no has de mostrar que estás a gusto de esa manera. No es agradable, para, deja de exhibirte. Saca la libreta, escribe, enciende el portátil. Claro que puedes estar sola, pero no puedes hacerlo en público. Qué más dará que no tengas wifi, ahí viene otro, ¡disimula! mira a la pantalla, concéntrate. Porque si interactúas con objetos dejarán de percibirte sola. No les mires fíjamente al pasar, ¿cómo puedes no notarlo?, ¡vuelves a ser molesta!, sienten que hacen equilibrismos sobre pasarelas de moda delante de tus ojos escrutadores. No es que les importe quién seas, es que les importa quiénes son para ti. Mira al cielo con la nuca. Llévate el reloj de la muñeca frente a la cara en repetidas ocasiones. No permitas que te vean perdiendo todo el tiempo, van a creer que lo fabricas, dirán ''está haciendo tiempo''. Sabrán que esperas a alguien, que la tuya es una soledad transitoria, justificada. Como su caminar nervioso: no quieren que te confundas y creas que sólamente caminan. Es preciso que percibas que están dirigiéndose a alguna parte.



miércoles, 3 de noviembre de 2010

suena en inglés la canción que ellos bailaron en algún güateque






Dijo que el beso en la boca es
el gran símbolo de nuestra civilización.
Emblema del amor
cuerpo a cuerpo.
Y que comemos por la boca- por la boca consumimos.
Que cuando beso así
estoy consumiendo al otro,
estoy consumiendo el amor,
o amando el consumo.

Pensé que menudo ecologista estás hecho
devorándome como si fuera el último
bocado que le quedase a la tierra
.
ah. Y que no podemos dejar
de consumirnos
que no podemos dejar
que se nos consuma.