domingo, 30 de julio de 2017

Rikar

Querido amigo que te has ido ya descubriremos a dónde;
pensar en tu sonrisa amplia me pone cachonda.
Ya sé
que hay que tener cuidado cuando se habla de los muertos:
Siempre hay un oído que se ofende y una
mano que disiente y unos ojos que se encharcan.
Quizás por prudencia llega tarde el poema
-por eso y porque desde que no fumo no escribo una mierda-.
Pero tú siempre has sido más
de reír que de callar.
De hurgar que de apartarte.
De vivir que de morirte.
La cosa es decir con los dedos
por necesidad purgante
que nunca imaginé que Libres
me traería tanto bien, ni tantas nostalgias.
Que le tengo menos miedo al miedo
y más ganas a lo que hay tras los terribles apagones
gracias a esa tarde juntos en el Café Van Gogh.
La cosa es celebrarte con palabras,
aplaudirte,
agradecerte,
cagarme en tu accidente.
Pedirle al Universo que te cuide.
Echar la hostia de menos tu futuro, tan gordito,
preñado de los hijos que esperaban nacerte.
Todo tipo de hijos: niñas, chistes, películas, hogares.
Vivías la vida del todo y se te ha quedado a medias. Manda cojones.
Te prometo que aquí estamos intentando hacerlo bien.
Que te queremos tanto como si llevases una camisa de cuadros,
ahora mismo, aquí delante,
y ojitos de verlo todo y pelos de trasnochado.
Te prometo que estoy poniéndole amor a estar viva.
Y que duras.

1 comentario:

  1. Lástima que este bello poema, sea por una despedida.
    Un saludo.

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