sábado, 25 de junio de 2016

QUE NO. enviar a todos

''Me bajo del carro de este 'amor de usar minúsculas', o algo así nos llamaste la otra noche y no estabas tan borracho. No es porque no seas una delicia, Pablo. También los milhojas me parecen una pasada y no voy a tirarme todo el año con milhojas en la boca. ¿Lo entiendes? lo entiendes. Perdóname por hacerlo así de mal. Te mando abrazo.''

*

''Me encanta que follemos. No vamos a follar más. Ha sido emocionante y te agradezco un montón que me hayas enseñado a cocinar rico y aleatorio. Cuídate mucho, Sergio, y prométeme que nuestras fotos no van a acabar en Instagram. Beso...''

*

''Hola Miguel... no sé bien cómo hacer esto, así que lo haré rápido, que no es más fácil pero sí más... eso, joder, más rápido. Ahí va: no es verdad que siga vivo, lo nuestro. Estamos esforzándonos por mantener las constantes de una historia que se nos caducó cuando aún compartíamos sofá y salas de cine. Se nos murió cuando aún estaba siendo, mi amor, y a mí no me da la cabeza ni la energía para intentar que resucite. Has sido lo más sano, ancho y bonito que tuve. No te empeñes en quedarte (yo, que no me quedo, voy a pensarte siempre). Ojalá seas feliz.''

*




Después apagó el móvil, apuró la copa de vino y se encendió un cigarro de vainilla porque el tabaco de vainilla, aparte de ser una puñetera cerdada, no le recordaba a nadie en absoluto. Se secó las lágrimas, se besó el hombro y recordó el consolador naranja que le habían regalado sus amigas en aquel cumpleaños. Durante casi diez minutos celebró la soledad. En el minuto once abrió la ventana del salón, sacó medio cuerpo fuera y escupió. También empezó a notar una ansiedad muy jodida haciéndole el pecho pequeñito y preguntó en voz baja ''¿dónde estás, quién eres, por qué tardas tanto?''

ayunas

Miro tu última conexión al whatsapp
como si esa fuera la hora a la que te quedaste dormido
y voy calculando cuándo te vas a despertar
para empezar a estar muy triste por no darte los buenos días.

Barcelona, Forum, 7 de noviembre de 2015


Quién soy yo y por qué sostengo un cigarro.

También me cuestiono por qué no han usado tomate natural en las tostadas; pero desde esta terraza se ve el mar, y el mar es una cosa que deja pequeñas a todas las demás cosas. Mar, enséñame a relativizar como tú sabes. Tal vez podría haber una guerra aquí delante, con soldados y barcos de guerra y gente atravesada, y tal vez yo seguiría mirando el agua, porque el agua, qué barbaridad, qué inmenso, cuánto agua.

Me gustaría seguir camino. Que alguien con pocas ganas de hablar me suba en coche a Francia. Vagarla. Aburrirme tanto de estas tres camisetas que las camisetas dejen de significar otra cosa que protección de agresiones externas y adaptación al protocolo. Nada de belleza textil en mi cabeza.

También me gustaría llamar a mi madre desde Marsella, por ejemplo, y decirle que la quiero y que somos un desastre y que claro que es nuestra culpa y que eso es una buena noticia, porque está en nuestras manos cambiarlo.

Pero que a mí me pilla con las manos en otro país porque, verás, mamá, necesitaba estar muy lejos para hacer una selección más precisa de los fantasmas.

Nadie se queda con mi macuto mientras recorro el murete de piedra que me separa del mar, mientras me baño. No quiero volver a casa. Me gusta la gente que no sonríe en las fotos. Y esta playa.

Tengo miedo de dormir una de estas noches en la calle porque tengo miedo de que cada vez vaya pareciéndome menos disparate. Se me difuminan los márgenes de lo aceptable. Lo bueno. Lo limpio. Lo yo.

Hola, Irene, estás aquí porque no sabes lo que quieres y eres tan valiente que te has atrevido a huir para buscarlo.

uh quita quita

Ya no me dan miedo
las hormigas de culo rojo
ni volar en un avión
ni que se me note el bigote y sin embargo este miedo al amor,
será posible.

viernes, 17 de junio de 2016

1997



C quiere saber cómo besar con lengua a los chicos. ''Yo puedo enseñarte''. C tiene 7 años, yo 10. Buscamos un lugar algo escondido en su jardín, abre la boca, yo meto la lengua entre sus dientes y la muevo haciendo círculos de noria hasta que ella me sigue el juego.

Separamos nuestras bocas. Tenemos las comisuras mojadas, a mí me brillan los ojos y a C le arden las mejillas. ''Así se besa a los chicos'', sentencio.

Ese. Ese fue mi primer beso. Empecé mintiendo. A C, pero sobre todo a mí misma.



tres

Claudia tiene la edad de las certezas.
Sus pezones apuntan al cielo y por debajo late fuerte la necesidad de hacerlo grande. Lo que sea, lo que surja, lo que viene es siempre grande, juega a parecer definitivo, intenso, salvaje.
Sabe besarme mejor de lo que besé a sus años, y apaga la luz, más por dejar entrar en el cuarto a la imaginación que por pudores. Porque Claudia aún no se conoce, pero al fin ha superado la edad acnéica de esconderse.

Olga levanta la vista de un libro para tantearme.
Tiene la edad del escepticismo y deja en cada cigarrillo besos de carmín. En sus manos no hay tabú, las yemas de sus dedos me vencen, y en lugar del grito tiene instalado un jadeo profundo y sincero en el placer.
Quiero que hable, quiero que Olga hable y disimulo
que su forma seca de explicar el mundo
me define.

Yo tengo la edad del por qué no.
Miro a dos mujeres temblando sobre mis muslos. Miro mis muslos y veo a dos mujeres, que me acarician como se toca un dibujo, admirando algunas líneas, esquivando sus errores. Quiero a dos mujeres que saben que tengo la edad de serles sólo casi. Pero estoy más viva, sabed, porque las tres respiramos presente.

(una vez vi a dos tirándose del pelo en una plaza)

Me fijo un montón en sus caras
en el grosor de sus labios,
la forma en que utilizan los ojos para mirarnos,
los arcos de los timbres de sus voces.
Me esfuerzo por imaginar la forma y tacto de sus tetas,
a qué sabría lamer los dedos de sus manos,
cuánto les sudan las ingles.

Y gano.

Por un momento hago un concurso y gano
y soy la más todo, vaya imbécil,
la más todo,
un perro meando en el hocico de su hermano,
una quinceañera dispuesta a dejar calva a la adversaria
en la guerra que con la voz no declaro
a todas las mujeres del planeta
instalada en la necesidad de ser
tu favorita.



4. 2. 2015

mi

Quiero hablarte de una cosa:
De lo mío con la muerte, esta forma de mirar mesas y sillas
temiendo que van a sobrevivirme.
De lo mío con los cuentos
que me convencieron del rojo
y de la importancia importante
de serle especial a alguien.
De lo mío con el cuerpo y esta capacidad
nueva de gustarme. También de cuando me creí espectacular.
Y quiero hablarte de los años del desprecio.
O de lo mío con Él, y con Ella, y con los que no usan
mayúsculas en su inicial.
¿No lo ves, joder?
Todo lo mío
todo lo mío
qué vas a hacer con lo nuestro.


(Diciembre de 2015)