sábado, 19 de noviembre de 2016

a la calle.

El uno de enero de dos mil quince
parí sin dolor este texto y decidí
que había nacido para esconderse.
Hoy es casi diciembre de dos mil dieciséis,
el poema ya camina solo y
lo mando a la calle,
a por aire, pan, y ojos que al mirarlo
le digan que existe.





En enero de dos mil catorce hice el amor
por primera vez
con una mujer increíble que también hacía el amor
por primera vez
con otra mujer.

Rompí a hachazos el armario ambiguo
de la bisexualidad
o como mierdas se llame.
Salpiqué a mi alrededor todo de astillas,
di a mi abuela y no hizo sangre.

Fui libre.
Egoísta. Caprichosa. Y libre.
Y muy libre.
Y pura.
Y solitaria y promiscua y frívola.
Quise bastarme y de a poco lo consigo.

El año que ya no es
pero que vaya si ha sido,
volé sola hasta una isla,
y comí helado en bocata.

En aquella isla hice un trío.
Con un trompetista italiano y un baterista afincado en New York.
Usamos tres idiomas lubricantes.
Olió a jazz.

En dos mil catorce fumé mil cigarros.
Me corté en las manos.
Supe mejor quién es mi hermana.
Tuve pocas amigas, y las tuve ciertas.
Se me rompió otra vena chiquita en la punta de la nariz.

Me dijeron cosas como:

no me muero por besarte
/
llévame a tu cuarto
/
creo que puedes llegar a gustarme muchísimo
/
así no es
/
ya te vale.


Dos mil catorce me lanzó los mejores besos desde el escenario.
Y supimos sortear a un navajero.
Y sorteamos lo nuestro, también;
porque dos mil catorce no era
definitivamente
el año de hacerse
definitiva.

Olvidé un poco más a mi abuelo,
di una charla sobre género en un instituto;
leí poco y bebí mucho, trabajé.

Dos mil catorce fue muy importante
y precioso y una jodida decepción triste,
porque casi
alcanzo a ser la que quise
con la mujer de la que siempre escribo.
Y hubo fuegos artificiales mientras nosotras
casi, siempre casi, nos hacíamos posibles.
Y la quise como siempre -mucho y mal, mucho y tibio, mucho y vete.

Fui cruda. Honesta. Imprecisa.
Se me encogió el estómago en notas de audio.
Aprendí a soltar las manos del manillar de la bici,
y algunas paraules en català.

Al amor que un año antes
fingí dejar atrás,
seguí poniéndolo delante.
Nos echamos de menos y
nos vimos de más.

En casa tuvimos un muerto nuevo
que nos enseñó de la vida.
Até cabos. Lamí nudos.
Decidí que no ser perfecta era cojonudo.
D casi no habló en francés, yo casi le di lo que no pide.

Y cuando dos mil catorce estaba a punto de acabarse
me hice mi primer tatuaje.
Así te me quedas del todo, le dije,
año de las grandes explosiones.
Después celebré entera
que dos mil catorce se termine.
Papá me contó hace no mucho
que las montañas rusas molan
porque duran sólo un rato.





2 comentarios:

  1. Supongo que me repito cuando digo que me gusta en lo que te has convertido, como persona no sé, claro, pero sí en lo que te has convertido mientras te leo.

    Y bueno, luego, cuando he salido a la calle (y llovía y hacía un poco de frío) he pensado que si hubiera tenido hijos me hubiera gustado que fuesen así como tú. Tan alocadamente cuerda, tan hambrienta, tan viva, tan "no me importa lo que los demás piensen".

    Y también pensé en lo orgulloso que debe estar tu padre, no orgulloso de "mi hija es tal o cual" sino de que bonita persona ha salido, que loca, que humana.

    Y me acordé de un texto tuyo (lo he buscado) de dos mil catorce, la de la perfecta desconocida perfecta y lo mucho que me gustó, lo mucho que me enamoré de cómo se enamora otra persona de otra persona.

    Me gustó releerte. Supongo que se escribe como se vive, así que me gustaría leerte siempre así: tan igual y tan diferente.

    Besos

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    1. Yo me quedo tan, tan alucinada leyendo este comentario (lo hice hace días y no tenía, igual que ahora, ni idea de cómo responder), que no sé si abrazarte (pero no puedo, no te conozco, no sé dónde estás), llorar (con lágrimas de uau y no de ouh), o reírme a carcajadas (altas, largas para intentar que las oigas). Gracias por dar, desde siempre, sentido a este blog.

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