miércoles, 10 de febrero de 2016

El hambre en cuatro pasos

PASO 1:

Te enredaría por las barbas unos espaguetis.
Pocos, media ración, con su salsa. Espesa, como tu barba.
Y sobre tu barba de espaguetis cremosos esparciría migas de pan. Blanco. Como tu cara.
Migas de pan blanco, de pie sobre los botines que me he comprado.
Míranos: tú tan tumbado y yo tan alta
tú tan viéndome las bragas y yo tan con el apetito chillando.
Lluvia de miga y corteza sobre tus barbas en salsa y yo:
cierra los ojos por si acaso y tú:
No pasa nada. (Porque llevas puestas las gafas). (Para verme bien las bragas).

PASO 2:

Y te comería la barba
y te comería la lengua
y te comería la polla.
Y en el abrazo de luego, en el abrazo largo de los cuerpos mojados,
ese en el que la cabeza vuelve a trabajar
y a decirte cosas feas
abriría la boca otra vez
y te comería el miedo.
Ese miedo nuestro que ahora te has quedado:
el miedo a quererme
a que ya no te quiera
a que funcione
a que no haya funcionado.

PASO 3:

Y me iría corriendo al baño.
A escupirlo. Qué asco. A decirle chao, chao, miedo, con música de cisterna.
Chao miedo chao, al mar a asustar peces gordos.
(Eso se lo cantaría bailando).

PASO 4:

Y tú te reirías con tu sonrisa de hoyuelos que madre mía,
y me mirarías mientras te quitas las gafas
y te llegaría el hambre
y yo estoy muy rica con mermelada de arándanos.




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