lunes, 13 de abril de 2015

Un blog

(i) autoretrato del exhibicionismo


Que me leas. Exactamente tú. (Vete a saber).
Que me intuyas los amores,
la fantasía los juegos de palabras que construyen mentiras.
Que imagines
           cuánto me duele la tripa
                       cuánto le echo de menos;    
y a mi madre, y esta casa, y a mis muertos, y ese viaje.

Que me dudes.
Que te enfades.
Que te sientas traicionado.
Que te busques en la inicial en la que te he escondido.

Me gusta lo que sabes de mí por este blog.
Me gusta cuando me borras. Cuando te lees a ti en lo que ha escrito qué coño más dará quién.

Que me leas. Que pases en silencio. Que dejes un comentario que me leas. Qué ego el mío.
Hace años que dejé de preguntarme por qué hago ésto.
Sé que para mí,
que el placer del desnudo.
Pero sé también que lo hago para ésto. Cinco años de ésto. Para lo nuestro.
Para la suerte-tremenda-suerte de ser leída.

Porque si lo haces
no
me
acabo

Canto a mi llegada



Haga lo que haga y para siempre,
yo habré nacido el día en el que ETA asesinó
a veintiuna personas en un Hipercor.

Haga lo que haga y para siempre habré pesado tres kilos
al nacer
habré tardado veintitrés horas
en nacer
habré nacido morada y con cabeza de óvalo.

Para siempre, y haga lo que haga,
seré la primera hija de Marta y Miguel Ángel,
habré sido concebida con placer y con amor.

Pase lo que pase habré nacido
de parto natural
con un huesecillo extra en el tobillo derecho,
con una clavícula rota por la urgencia del doctor,
veinte dedos,
ojos verdes,
todos los órganos en su sitio
y una cadera desencajada.

Yo siempre habré nacido yo.
A las cinco y cinco de una madrugada,
arrugada y buena como mi abuela Amalia,
respirando el aire de Pólux y su hermano gemelo Cástor.

Pase lo que pase mis padres
siempre habrán hecho el amor la noche antes de mi llegada
para provocar un parto que venía con retraso.

Aunque deje de gustarme el color azul
aunque me opere las tetas aunque me convierta al Islam,
yo habré nacido yo,
de entre todas
(¿cuántas?)
las posibilidades
de no haber sido.




jueves, 9 de abril de 2015

ko’olel

Hoy miraba a esta mujer bailando
con caderas que nacieron lejos,
nueve mil kilómetros lejos
de aquí.
Con los ojos cerrados la boca entreabierta y el pelo negro ondeando
como el humo en una hoguera de acampada.
Miraba sus manos largas
follarse con las yemas nuestro aire.

La imaginé a toda hostia sobre una moto
el año en el que debió descubrir los bares
y yo logré hacerle una trenza a mi barbie.
La imaginé pariendo un hijo, mujer piel de café y ojos pantera,
mientras yo aprendía a poner copas.

Cómo es posible, pensaba, que el tiempo y la geografía hayan sabido reunirnos.
La miraba cuando abrió los ojos contra mí y también cuando dijo con la boca ven,
chica piel de leche y ojos agua clara ven, baila conmigo, dijo, ven se tú, de entre todas las mujeres del planeta.