lunes, 28 de diciembre de 2015

uno sesenta y cinco

Mido, la cantidad de tabaco que puedo fumar ahora que no fumo y mido,
la distancia felina con la que estar cerca de mis amantes.
Mido el norte que me sobra para verterme en sures, mido:
en el espejo la línea de las arrugas
en el teléfono las llamadas a madre
en el trabajo el precio estimado de los minutos
en la boca del perro la intención de los ladridos
en el filo de la pinza la negrura del pelito
en el whatsapp el tono de los mensajes.
Cuento
la mitad de lo que pienso mientras todo lo cuento y calibro
cuántas copas de vino necesito para que me pasen
los otros,
los miedos,
esta falta infantil de compromiso,
de tierra,
de mares.
Me mido en la seducción aprendida y os mido
el número de dientes bruxistas que filtran palabras de amor y pretendo
jugar a que este caos es ir fluyendo mientras mido,
compulsiva,
el nombre de las etiquetas de todo
lo que no
lleva tallaje.

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