domingo, 27 de diciembre de 2015

.daduic

Tengo acá adentro un recorrido de gusano
que me arranca en la boca y va a morir
a la luz
del final
de mi vagina.
Hay un gusano que me preña
la garganta de lo incontable y tiene
pelos pequeños
que pinchan.
Mi gusanito me sabe mapa
y recorre -como vagón de metro-
las vísceras
húmedas
de la ciudad que soy.
Se atasca con la curvas,
va masticando las veces
que estoy a punto de enfermar,
engorda de mis casis -está orondo el gusanito-.
Asoma una de sus puntas
al balcón de mis pulmones
como un patriarca arrugado revisando con la mirada el número
de sus viejos olivos mal regados.
Hace como que asiente y susurra aliviado que las células
tienen la forma
que se espera de las células.
No voy a contarte todo
lo que me recorre el gusano pero,
digamos que, tú entras en juego,
cuando se está despertando en mi útero
de la cálida siesta,
y se deja caer en tobogán
y se choca con las yemas de tus dedos
y te empuja
cuerpo afuera.
No lo ves,
porque me lo he inventado,
pero el gusano ha venido a enseñarte
que no hay cueva para ti en esta ciudad.
Y me repta pringoso la piel
de poros abiertos a la fiesta del sexo,
y antes de morir deposita
en cada poro un huevo,
y del poro que no abrazas nace un gusano
que me abre la boca y va a parar
a la luz de las próximas yemas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario