sábado, 5 de diciembre de 2015

Sábado.

Sábado. Seis y media de la tarde. He salido pronto del sex shop porque el dependiente no paraba de mirarme y tenía cada vez más ganas de gritarle, de vomitar, de gritarle. Un pasillo largo con cabinas de luces azules, rosas y moradas para llegar a la calle, respira flojito, y sólo en caso de necesitar aire. Yo había entrado por curiosidad y por si acaso han inventado la vibración silenciosa. No buscaría el silencio si viviera por fin sola. Más bien, sí, más bien lo huiría. Tengo al lado del portátil un ron cola. Nunca hasta hoy había entendido la importancia de tener alcohol en casa. Nunca tan arrepentida como hoy de no haber guardado un ‘’por si acaso’’ cuando dejé hace un par de meses el tabaco. Si mi padre me viera pondría esa cara suya de ‘’la vida así da asco y no tendría por qué darlo’’, esa cara de ojitos de perro abandonado, la boca diminuta, el leve movimiento de cejas subiendo de cuándo en cuándo como diciendo ‘’qué se le va a hacer, la estás cagando’’. He visto esa cara. Sin embargo normalmente me mira con una mezcla de culpa, cuidado y orgullo. No sabiendo bien cuánto es capaz de conocerme. Temeroso de romperme. Todos tienen miedo de romperme excepto los que tienen miedo de que yo les rompa. Voy a por tabaco.

Sábado. Siete menos veinte. Un ron cola y un cigarro. La gente se amontonaba en el chino para decorar sus casas de alquiler con espumillón importado. Hoy me han cancelado una cita a la que no quería ir, se me ha notado.  No quería ir porque no sabía cómo decirle que ni de coña. Que me necesito toda. También así: en un salón precozmente oscuro y consumiendo drogas leves para regañarme, por ponerme piedritas delante de todas las prioridades, pero sobre todo por  no haber borrado ya la brújula en un vuelo transoceánico.

Tengo que tengo que tengo que Basta. Practico con esmero la autodestrucción cuando estoy débil porque, como casi todos, yo también soy idiota. Qué azucarado el alcohol, qué seco el tabaco.

4 comentarios:

  1. Tú sigue escribiendo así y no publiques nada, que te vas a enterar. Un abrazo amiga.

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  2. "Todos tienen miedo de romperme excepto los que tienen miedo de que yo les rompa". A veces es todo tan sencillo como saberse en esa tierra de nadie y admitir que somos dos en uno: lo que somos y lo que creen que somos, que en realidad, hay una parte de nosotros que nunca controlaremos de la que deberemos responsabilizarnos queramos o no.

    Me gusta en lo que te estás convirtiendo; de lo que puedo entrever a través de lo que escribes.

    Sé que vas a tener suerte, porque la suerte siempre está de parte de los que arriesgan.

    Besos

    toni

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    Respuestas
    1. Tengo la sensación un poco, con este blog, de regentar un bar clandestino y con pocas botellas que además están medio vacías. Pero también medio llenas, así que...
      Te lo digo porque siempre que me haces ver que has venido me hace ilusión, tú que vienes desde el principio.
      Más besos, Toni.
      Ah: ni puta idea de cómo se responsabiliza una de lo que nos ven los otros. Pero bueno.

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