jueves, 7 de mayo de 2015

ritual

m*

Cuando hay un sol de tres días, las otras y yo machacamos cortezas del árbol de Jube que nos trae Modibo. Después las mojamos con agua del tercer pozo hasta obtener una pasta pringosa que huele a ser niñas y que no se puede comer, porque si te la comes te mueres, como le pasó a Laonna. Nos untamos el ungüento despacio, cantando suave hasta cubrirnos enteras, y cada una elige una postura del cuerpo en la que guardar silencio con la boca. Permanecemos quietas, hasta que se seca del todo. Cuando somos grises y niñas nos está permitido pensar en las cosas que no son. Viajamos así en lo intangible hasta que el picor se hace insoportable; entonces y de un solo movimiento con violencia cambiamos la postura para ver cómo se rompe aquella piel tercera en cien pedazos. Ahí, en el gris que fue agua y fue corteza, se queda pegada la imaginación y nosotras volvemos en fila a la casa siendo otra vez lo que importa: el peso del cuerpo que no es otra cosa que cuerpo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario