jueves, 4 de diciembre de 2014

Los amigos de papá (II)

Hoy hemos ido los dos a casa de mi padre. Qué casualidad, qué alegría verte, mientras tanto dos besos con un casi abrazo. Se ha traído, en su forma de mirarme, a la niña que fui hace veinte años. Me la he puesto con algunas dificultades (los brazos me quedaban cortos y no había forma de escribir).

Luego me he sentado en el suelo a mirar cómo él y papá tocan la guitarra. Cuando yo era la niña de este disfraz también me sentaba a mirar, a escucharles. Y también por aquella época él había nacido treinta años antes de que yo naciera.

Que me ve más delgada, ha dicho. Entonces he vuelto a acordarme: nunca hacer frases de lo importante. Nunca enseñar estas tramas, oscuras (oscuras), no dejar las perversiones al aire, aplastar el instinto con el peso sólido y compacto de lo posible.

Seguir sin embargo imaginando: que le huele la piel a macedonia. Que una vez se recostó sobre la cama y me pensó, reptándole sin ropa para cerciorarme
de que le huele
la piel
a macedonia.


2 comentarios:

  1. creo que este es de mis blogs preferidos, de entre los últimos descubiertos : D
    eso, y que está bueno decir estas cosas que, a veces se piensan, la mayoría se sienten y las menos, se dicen..
    bueno claro, aplica para mí eso.. al menos para mí. jaja. salú!

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    1. Te diría que me has alegrado el día, pero es más verdad decirte que me has alegrado más cosas, y con una alegría que da para muchos muchos días. Gracias enormes, y más salú : )

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