domingo, 12 de enero de 2014

y entonces va y dice, me dice: a salir corriendo se le llama huír.

Sólo está aturdido. Sigue encendido, mi cerebro, y con él deben andar tras algún nudo del bloqueo mi empatía, mi juicio, mi sexualidad, mi iniciativa, mi impulso. Este bombardeo de sentencias ajenas, de tareas para la agenda, de proyectos no paridos por mí en los que me enrolo con una inercia que relleno de entusiasmos de pega; este hablar del yoga sin practicarlo, del placer sin disfrutarlo; este hablar de las mujeres que aún no he sido y quiero ser, y que me gritan desde todas las partes de mi adentro: empiezan a quedarse sin paciencia.

Este transcurrir de días de hormiga acumulando ojeras y céntimos, esta convicción tóxica de que el dinero me dejará ser las mujeres que quiero, cuando mi cuenta en la banca ética (¿qué cojones?- se dice What The Fuck, Irene) engorde un poco.

Tengo más responsabilidades que nunca, alambres sujetos a cada extremidad en forma de pluriempleo precario y obsesivo. Y a la vez me siento más libre que nunca, porque no amo. Más vacía que nunca, porque no amo.

Me funciona el cerebro, pero no encuentro el momento de escucharlo. De leerte, a ti que me lees y tienes un blog que yo antes leía. De escribir. Las ideas de historias, los guiones, nacen y se me van al carajo en el mismo minuto.

Quiero pararme a conoceros. Salir de mis quejidos de ombligo. Despegarme de esta pantalla de mierda, de su radiación cancerígena, utilizar los ojos para mirar lo no virtual. Y mirar otro país. Pensar qué es eso de los países, pensarlo yo, que no me lo cuenten en 140 caracteres en los que otro cerebro con más uso que el mío ha generado una opinión viral sobre las fronteras.

Quiero volver a sentir esa cosa cursi que yo sé que existe de las mariposas en la raíz del estómago. Ponerme muy roja y decir tonterías y pensar ojalá, joder, ojalá le pase lo mismo si me mira. Pero cuando me crucé contigo sólo éramos párpado sobre pantallas de móvil.

Ya sólo sé de mi desnudo antes y después de la ducha. Es esa cosa curvilínea anaranjada que pasa por el espejo del baño. No sé si tengo granos, pelos, moratones. Aunque sé que estoy muy buena porque estar buena es no estar gorda y como hay que ahorrar, hormigas, yo también ahorro en comida. Cuando tengo hambre, fumo. Es más barato y además me activa un poco el cerebro: pienso en el autocastigo, en las contradicciones. Y entonces sí: me pongo de un profundo que os encanta, decís, qué interesante, qué compleja es esta tía.

El registro 1001 millón en facebook lleva mi nombre y hasta mi apellido. Los otros hacen click en me gusta, comentan: bonita, da gusto, no paras de hacer cositas! (ahora nos llamamos ''bonitos'', hemos fusilado la admiración de inicio y usamos diminutivos). Porque soy mi propia responsable de comunicación - se dice content manager, Irene- y a la pregunta ''¿qué estás pensando?'' contesto cosas que no he pensado, para que todo el mundo sepa lo contenta que estoy por el estreno de la obrita de teatrito que estoy haciendo en esa salita de oh, la capital.

No tengo ni puta idea de cómo les va por Siria. Claro que, delante de un vino (porque por las noches puedes quedar conmigo y ver cómo me he acostumbrado a estar borracha y, después de hablar sobre lo agotador y emocionante del día, quizás hablemos de Siria), te diré que no hay derecho, que si bla bla de la opresión, que si blu blu de las revoluciones, que si la violencia, que si yo fui a barrer mierda una noche a Sol, cuando lo del 15-M. No esperes un ápice de ingenio en lo que te diga. Voy a tirar de archivo para rescatar la poca Historia que aprendí en el instituto, a improvisar (porque ahora soy espontánea), a prepararte un revuelto de tweets y portadas de periódicos que no compro porque hay que ahorrar, hormigas; ni leo en Internet porque no tengo tiempo de leer lo que me apetecería (o peor, porque igual estoy tan hueca que no me apetece leer sobre Siria).

No quiero un ''hola'' más en whatssap. Ni música que me roce la oreja mientras cierro el oído. Polvos sin sexo. Libertad sin amor. No quiero seguir posponiendo a las mujeres que quiero ser. Y no sé cómo se hace para hacerlas.

4 comentarios:

  1. Pues creo que esto último se hace, mimándote mucho y escuchando todo lo que te tengas que decir, aunque a veces no te guste.
    Besos y feliz año

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    1. ha sido raro lanzar esta vomitona por aquí, con tan pocos filtros. gracias por no esquivarla (aunque me de pudor) y animarme al mimo y la autoescucha.
      beso.

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  2. Escribes genial, i.
    Se que es una vomitona, pero me gusta como la expresas. Me haces vivirla como si fuera mía...
    Como ser las mujeres que quiero ser...
    Muchas gracias por compartirte un poco.

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