viernes, 29 de noviembre de 2013

Diciembre era lesbiana pero no.

Carmen camina nerviosa hacia la parada
de un autobús que prevé perdido.
Un pie sobre el hielo y un cuerpo entero
precipitándose espalda contra adoquines.

La espalda de Carmen sobre el suelo congelado
la columna de Carmen,
llenándose de grietas que se prolongan.
Ejército de termitas
conquistando un árbol viejo.

La cabeza rota, la sangre
(las manos de Isabel el lunar de su frente)
espesándose en el hielo.

Ahora ni aquel libro
ni la boda con Paco
ni Ernesto aprendiendo a decir las cosas,
ni el ascenso, ni las vacaciones
en ese Oviedo que no sabía llover,
ni siquiera
las tartas de manzana.

Solamente Isabel.
Los muslos de Isabel tras la falda
del uniforme a los catorce años.
Todos los besos que nunca le dio
haciéndose beso en la boca entreabierta,
ahora que el tiempo
es solamente una palabra.

lunes, 25 de noviembre de 2013

música de atasco (II)

cabezas llenas de pájaros, de serrín, de palabras o de traumas o de sexo o de basura o de o de. y la cabeza de david, que está llena de dibujos. se planta en frente de mi cabeza apalabrada y dice ésto con el boli:





...
se hunden rápido los coches y miramos
las burbujas de sus casi muertos asomados
a barandillas que pierden vértigo
...





...
gracias
...








jueves, 21 de noviembre de 2013

música de atasco



aparto a brazadas los coches del atasco
saltan por los bordes de los puentes
caen al agua nos salpican
y nos lamemos los labios

se hunden rápido los coches y miramos
las burbujas de sus casi muertos asomados
a barandillas que pierden vértigo

cierra los ojos
voy a salir corriendo




viernes, 15 de noviembre de 2013

el amor que usa diminutivos o soy una zorra.


Javi preparaba café, preguntó:

- ¿Taza o vaso?

- Taza- desde el salón, pero no se ha debido enterar porque cuando he ido a la cocina a por un cenicero, había dos vasos de cristal sobre la bandeja. Le he puesto la mano en el culo mientras decía:

- Taza, Manu, dije que taza, porfa.

 Crack zás púm pám mieeeeerda de crujido agudo, como en el esófago.

- Perdón perdón perdón.

Para nada. Ha estampado la cafetera contra la vitrocerámica y le he seguido hasta la habitación. Se vestía contra la ropa, pisaba contra el suelo, se peleaba con todo a falta de valor para pelearme. Estaba cantado que algún día iba a pasar, taza, Manu, mi mano en el culo de Javi, y Javi apretando mucho mucho los labios.

De Manu el sexo y de Javi el amor. Pero de Manu el sexo, así que todos estos meses jugando a la tipa curada,

- ¿echas de menos a Manu?

- no, ya no...- para nada. Porque de Javi todo lo que no es el sexo y se ha ido con portazo. Las cosquillas de Javi, sus alumnos de piano, sus lasañas y nuestro bar favorito y nuestra canción favorita y nuestros libros a medias y su boca diciéndome bonita, bonita, te quiero.

Le he escrito un whatsapp a Manu. Quería ponerle ya, se acabó, eres adictivo y tóxico y. Pero creo que he enviado ven, estoy sola.



sábado, 9 de noviembre de 2013

ni tampoco adiós.

ni la sangre, ni la fatiga, ni la artrosis, ni la arcada ni el desconcierto;
sino tu manto de mastín sobre la nieve,
los paseos sólo tuyos, el olor a perra,
los días de guisos sin pienso,
que te cepille el pelo,
los pájaros que ahuyentas,
tu sonido alegre contra el suelo, desde el piso de arriba,
la terraza al sol,
los huesos que entierras,
las migas de pan duro salpicándote el hocico,
correr, el parque en cuesta,
el descampado en el que volvemos a la adolescencia,
el alucinógeno de las plantas,
las tardes de chimenea, nuestro abrazo,
la mancha negra de tu lengua,
y todo lo que nos hemos contado en este tiempo,
todo lo que no va a dolerte,
porque ni el dolor, ni la sangre, ni la fatiga,
sino tu madriguera de lavanda,
o el agua congelada de la presa,
mi amor,
y clavar las uñas en la tierra,
que te abraza.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Actor

Irene Ferradas
Le estoy mirando, ahora, por encima de la pantalla, tumbado todo blanco al pie de las escaleras, sobre la alfombra blanca que hemos puesto en su honor. El ansiolítico y los corticoides le dan un sosiego blanco, creo que ya no duele, quiero creer que no duele, y mueve el rabo y sonríe si nos acercamos. Porque sonríe, este perro al que digo mi perro, al que llamé Actor, esta bola gigante de amor blanco que ahora acaricia mi madre y que responde gracias. Que nos mira como se mira al amor.

Hace trece años cumplí trece años. Mamá y papá decían: tu regalo está a punto. Cuando llegué, aquella perra negra me miraba sin saber que me llevaba al único cachorro albino que había parido. Estaba hecho un ovillo en mitad de la camada, dormía. Le abracé contra mi pecho. Podían adivinársele, aún suaves, las manchas canela de las orejas. Esa noche dormimos juntos.

Yo quería escribirle poemas que no he escrito. Vivíamos en una casa con montaña. No nos conocíamos demasiado, por entonces. El tiempo y las mudanzas nos han hecho cada vez más tiernos y más cómplices, como se enternecen los viejos que saben envejecer. Y le gustan estas baldosas, aunque resbalen, y prefiere acurrucarse conmigo a las felices borracheras de campo hundiendo la nariz en cada matorral. Pero cuando duerme, sus patas no se reconocen en la artrosis y trota, quizás hasta la casa de la montaña.

El veterinario dice tres días, cuatro, dice eutanasia. Y Actor se ha levantado, y ha sabido dar tres pasos dignos antes de desplomarse. Ha sido un regalo, un dadme tiempo. Dice tres días, cuatro, el veterinario. A mí manos preciosas me sostienen el rostro y hay bocas que me dicen ''tienes que estar preparada''.

Aún no he cumplido los veintisiete y Actor es un anciano. Cómo se hace. Cómo no batallar con la locura de que el tiempo nos funcione diferente. Quiero vomitar, desmayarme, pegarme mucho a su cuerpo y que mis pulmones le expliquen cómo hacerlo a sus pulmones. Que utilice mis piernas para alcanzar la cima de La Peñota. Oímos pájaros, y ríos en la música que suena, para que viaje en el sueño de su siesta de alfombra.

Me dicen, ''tienes que estar preparada''. Para que no deje ni un minuto de notar cuánto le quiero, para que no nos puedan los nervios. Para que se muera. O para que vuelva a levantarse, oídme, y esta vez ya no se caiga.

Me sonríe porque lloro. Porque no voy a contagiarle mi miedo a que se acabe. Porque él no se acaba, si se muere. Porque es más valiente, y más sabio y más fuerte de lo que soy, y quiere enseñarme a sufrir sin grito. A sufrir blanco. Porque creo que también me quiere para siempre.





































domingo, 3 de noviembre de 2013

de letras y acuarelas



hoy va a ser, ya para siempre, el primer día que mis palabras se han hecho dibujo.
y me da pudor, y me encanta.





ilustración de david escarpa







viernes, 1 de noviembre de 2013

soy

Mi cuerpo es mi tierra.
Si existe un lugar al que pertenezco,
es éste.
Tierra enraizada en órganos, sembrada de músculos cubiertos de fascia.
La roca que sostiene mi planeta es mi esqueleto.
Tengo valles y tengo cordilleras,
ríos que me recorren entera vertiéndose en afluentes fértiles.
Si hay un nacionalismo que siento,
es el amor a esta tierra;
si tengo que alzar una bandera
son mis ojos.

Llevo veintiséis años viajándome esta tierra.
No sabría enumerar la de rincones
que me quedan por saberla.

Porque mi cuerpo erosiona, crece, se curva,
hay desprendimientos,
lluvias torrenciales, huracanes.
Mi planeta alumbra pozos hondos
y recibe visitas que lo transforman.
A veces choca contra otros planetas y se rompen trozos,
otras se roza con otros planetas y encienden hogueras,
otras se miran, mi bandera y sus banderas,
y firman tratados con las yemas o los sexos o la bocas.

Hay campos de batalla en esta tierra,
cosechas abandonadas,
arados incrustados en las zonas de conflicto.
Y también sierras abruptas que sólo disfruto si recorro a solas,
y también embalses y lagunas salvajes
en las que dejo que otros se sumerjan y les pido, luego, que me cuenten:
cómo es este cuerpo, cómo se siente,
qué pueden decirme de mi tierra que no sé notarle
por la costumbre o las guerras.

Durante casi todo el año mi cerebro
gobierna sobre el resto del planeta.
Pero tengo salpicado el calendario
de días festivos anárquicos,
intentos de golpe de estado,
huelgas.

Tengo en mi planeta un punto de encuentro
para cuando me pierdo,
en forma de mancha de nacimiento.
Cicatrices que enorgullecen a mi soldado.

Y tengo en mi tierra un útero.
Un núcleo aún vacío en el que soy capaz
-cómo iba a no amar este cuerpo-
de guarecer y alimentar una tierra nueva,
una tierra fruto de un tratado sexo a sexo.
Va a crecerme meses dentro para, luego,
orbitar alrededor de mi tierra;
como reconozco yo en mis movimientos
el imán del cuerpo de mi madre.
Y se sabrá algunos paisajes parecidos,
igual que me encuentro yo en la forma blanda,
cálida,
redonda
de mi madre tierra.