viernes, 1 de noviembre de 2013

soy

Mi cuerpo es mi tierra.
Si existe un lugar al que pertenezco,
es éste.
Tierra enraizada en órganos, sembrada de músculos cubiertos de fascia.
La roca que sostiene mi planeta es mi esqueleto.
Tengo valles y tengo cordilleras,
ríos que me recorren entera vertiéndose en afluentes fértiles.
Si hay un nacionalismo que siento,
es el amor a esta tierra;
si tengo que alzar una bandera
son mis ojos.

Llevo veintiséis años viajándome esta tierra.
No sabría enumerar la de rincones
que me quedan por saberla.

Porque mi cuerpo erosiona, crece, se curva,
hay desprendimientos,
lluvias torrenciales, huracanes.
Mi planeta alumbra pozos hondos
y recibe visitas que lo transforman.
A veces choca contra otros planetas y se rompen trozos,
otras se roza con otros planetas y encienden hogueras,
otras se miran, mi bandera y sus banderas,
y firman tratados con las yemas o los sexos o la bocas.

Hay campos de batalla en esta tierra,
cosechas abandonadas,
arados incrustados en las zonas de conflicto.
Y también sierras abruptas que sólo disfruto si recorro a solas,
y también embalses y lagunas salvajes
en las que dejo que otros se sumerjan y les pido, luego, que me cuenten:
cómo es este cuerpo, cómo se siente,
qué pueden decirme de mi tierra que no sé notarle
por la costumbre o las guerras.

Durante casi todo el año mi cerebro
gobierna sobre el resto del planeta.
Pero tengo salpicado el calendario
de días festivos anárquicos,
intentos de golpe de estado,
huelgas.

Tengo en mi planeta un punto de encuentro
para cuando me pierdo,
en forma de mancha de nacimiento.
Cicatrices que enorgullecen a mi soldado.

Y tengo en mi tierra un útero.
Un núcleo aún vacío en el que soy capaz
-cómo iba a no amar este cuerpo-
de guarecer y alimentar una tierra nueva,
una tierra fruto de un tratado sexo a sexo.
Va a crecerme meses dentro para, luego,
orbitar alrededor de mi tierra;
como reconozco yo en mis movimientos
el imán del cuerpo de mi madre.
Y se sabrá algunos paisajes parecidos,
igual que me encuentro yo en la forma blanda,
cálida,
redonda
de mi madre tierra.











4 comentarios:

  1. "Y tengo en mi tierra un útero.
    Un núcleo aún vacío en el que soy capaz
    -cómo iba a no amar este cuerpo-
    de guarecer y alimentar una tierra nueva,
    una tierra fruto de un tratado sexo a sexo.
    Va a crecerme meses dentro para, luego,
    orbitar alrededor de mi tierra;
    como reconozco yo en mis movimientos
    el imán del cuerpo de mi madre.
    Y se sabrá algunos paisajes parecidos,
    igual que me encuentro yo en la forma blanda,
    cálida,
    redonda
    de mi madre tierra"

    Feroz, y precioso.

    Qué tal las manzanas? te animastes?

    Un beso

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    1. aún no... pero tengo tres manzanas grandes grandes en casa, y en el próximo ataque de pena las preparo como dices...

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  2. Precioso , I.
    Mi tierra no tiene un utero, venia asi. Esa parte que me pierdo.
    Pero a mi tierra le gustan tus palabras, mucho, rotundas y bellas.
    Encantado de leerte,
    Anxo

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    1. muchas gracias, Anxo, bienvenido y disfruta de tu tierra... que no tenga útero sólo la hace diferente a la mía, y es bonito que sean todas diferentes.

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