jueves, 7 de noviembre de 2013

Actor

Irene Ferradas
Le estoy mirando, ahora, por encima de la pantalla, tumbado todo blanco al pie de las escaleras, sobre la alfombra blanca que hemos puesto en su honor. El ansiolítico y los corticoides le dan un sosiego blanco, creo que ya no duele, quiero creer que no duele, y mueve el rabo y sonríe si nos acercamos. Porque sonríe, este perro al que digo mi perro, al que llamé Actor, esta bola gigante de amor blanco que ahora acaricia mi madre y que responde gracias. Que nos mira como se mira al amor.

Hace trece años cumplí trece años. Mamá y papá decían: tu regalo está a punto. Cuando llegué, aquella perra negra me miraba sin saber que me llevaba al único cachorro albino que había parido. Estaba hecho un ovillo en mitad de la camada, dormía. Le abracé contra mi pecho. Podían adivinársele, aún suaves, las manchas canela de las orejas. Esa noche dormimos juntos.

Yo quería escribirle poemas que no he escrito. Vivíamos en una casa con montaña. No nos conocíamos demasiado, por entonces. El tiempo y las mudanzas nos han hecho cada vez más tiernos y más cómplices, como se enternecen los viejos que saben envejecer. Y le gustan estas baldosas, aunque resbalen, y prefiere acurrucarse conmigo a las felices borracheras de campo hundiendo la nariz en cada matorral. Pero cuando duerme, sus patas no se reconocen en la artrosis y trota, quizás hasta la casa de la montaña.

El veterinario dice tres días, cuatro, dice eutanasia. Y Actor se ha levantado, y ha sabido dar tres pasos dignos antes de desplomarse. Ha sido un regalo, un dadme tiempo. Dice tres días, cuatro, el veterinario. A mí manos preciosas me sostienen el rostro y hay bocas que me dicen ''tienes que estar preparada''.

Aún no he cumplido los veintisiete y Actor es un anciano. Cómo se hace. Cómo no batallar con la locura de que el tiempo nos funcione diferente. Quiero vomitar, desmayarme, pegarme mucho a su cuerpo y que mis pulmones le expliquen cómo hacerlo a sus pulmones. Que utilice mis piernas para alcanzar la cima de La Peñota. Oímos pájaros, y ríos en la música que suena, para que viaje en el sueño de su siesta de alfombra.

Me dicen, ''tienes que estar preparada''. Para que no deje ni un minuto de notar cuánto le quiero, para que no nos puedan los nervios. Para que se muera. O para que vuelva a levantarse, oídme, y esta vez ya no se caiga.

Me sonríe porque lloro. Porque no voy a contagiarle mi miedo a que se acabe. Porque él no se acaba, si se muere. Porque es más valiente, y más sabio y más fuerte de lo que soy, y quiere enseñarme a sufrir sin grito. A sufrir blanco. Porque creo que también me quiere para siempre.





































4 comentarios:

  1. No sabes como lo siento. Tantas veces pienso cuando a mi amigo le llegue ese momento, no quiero pensarlo, no puedo, hemos pasado tantas cosas, no es un perro, es otro animal, pero ha sabido ser y es montaña, abrazo,tabla, Me apena muchísimo que estés viviendo esto. Le has querido mucho, él lo sabe. Siempre saben más que nosotros. Un abrazo muy grande

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  2. entre un 0 y un 10... supongo que cerca del 1 es lo que conozco a actor... dos días de todo una vida parece que no significan nada, o si.
    Grande, blanco, noble, fuerte, tierno, ACTOR.
    Desde lejos leo tus palabras, y en una oficina lejos de que nadie entienda nada, quiero salir corriendo y darte una respuesta.

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  3. A veces pienso que sólo nacemos para sentir esta clase de amor, y a veces también pienso que ellos nacen para que seamos capaces de sentirlo, para que al celebrar la vida tengamos alguien acurrucado en el alma para compartirlo. Él se irá sintiéndose acompañado por ti, así que se irá feliz, supongo que no consuela mucho, pero acompañar a quien tanto te ha querido es como hacer que sepa que lo has querido tanto como él a ti.

    Lo siento de veras.

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  4. MUCHAS gracias por vuestra ternura. Actor se ha levantado y no paramos de pasear el jardín. El veterinario prevé posibles crisis futuras, pero ésta es una victoria de día a día. Y hoy, está más que vivo y orgulloso de sus esfuerzos, emocionado del mimo y me sonríe más todavía... porque no lloro.

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