viernes, 4 de octubre de 2013

nada

Vade retro, satanás. Pero sus manos. Nunca unas manos como sus manos. Todo el silencio de esa casa de paso, todo lo blanco, todo el silencio, nunca había compartido tanto silencio, tanto blanco.

Me insisto, aún puede no importar. No sé qué hago, pero les gusto. Me miran con un ansia diferente a la que no le dejaba sacarme los dedos del coño. Él quería encumbrarme. No pasó por mi cuerpo, fue en él, fue dentro.

Me insisto y qué importa. A los quince me decía, cuando crezcas aprenderás a querer más como una perra y menos como una gata. Casi nada de lo que me decía a los quince importa, tampoco. Me decía, cuando crezcas aprenderás a dejarte cuidar por los que quieran cuidarte. 

Todo ese silencio, y también ese idioma en su voz andrógina. Su voz cogiendo impulso aun sabiendo que tenía roto el freno. Quiso abrirse la cabeza mientras yo escuchaba. Su verborrea cruda de sofá ensamblando desnudo sobre desnudo, chorreando sobre mí sin más pudor que el de estar falto de pudores. 

Todo lo que no es más ahora, todo el silencio que no escojo ni comparto, él me da nada.



No hay comentarios:

Publicar un comentario