miércoles, 23 de octubre de 2013

incombustible

No he prendido.
Acababa de encenderme un Malboro
tumbada a las cinco de la mañana en una cama
en la que hace ya diez noches que no duermo.
He estirado el brazo. He dejado caer de la mano el pitillo
sobre mi cuna de insomnio.
Empiezo a reconocerme en los párpados abultados,
en este olor a cuerpo sin cosmética
en los nudos que me raspan desde el pelo,
en esta forma de romperlo todo.
Al principio pegaba pequeños brincos, instintivos,
y forcejeaba contra el impulso de apartarme
de la picadura de la sábana vaciándose
en agujeros negros y marrones.
Apenas humo. Ni rastro del fuego. No he prendido.
Y estas heridas van a recordarme que no he sido
lo bastante valiente.

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