jueves, 29 de agosto de 2013

Los amigos de papá

A mí sólo me gustan los tipos que dicen:
no me hagas esto.
Los que esconden las manos detrás de su espalda, justo antes
de estrellarlas contra cualquier trozo de mi cuerpo.

Esos que se sentirían sucios
atreviéndose a fantasear conmigo y, después,
cuando les recorro con la lengua los dientes,
piensan en mi padre.

Me van los empresarios fracasados,
los divorciados,
los que esperan, y odian luego,
sus fines de semana con los niños.
Los tipos que huelen a afeitado
y se masturban sin navegación oculta.
Los que tienen canas en los huevos.
Y juegan al mús.

Yo sólo sé sentirme deseada
por los que no quieren hacérmelo.
Porque
eres una cría, mujer,
porque está feo,
porque crecieron
en la represión que me falta.

Ayer yo bebía del botellín de Cruzcampo
como quien chupa una polla.
Él me miraba más
como quien ve un documental de leonas cazando
que como quien hace treinta y seis años que folla.
Cuando yo usaba coletas le pedía más, y más,
desde el columpio.
Y ahora juega al mus, y huele a aftershave.

Ayer casi me arranca la cabeza
de tanto tirarme del pelo.
Me empotró contra la pared del pasillo,
pegué manotazos por volver al cara a cara,
para clavarle los ojos y usar mi voz favorita y decirle para, para por favor,
no me hagas esto.


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