sábado, 13 de julio de 2013

tiempo

Tengo tiritonas de valor al pisar sitios ya no nuestros, al soltar el cable ancho y delgado con el que trataba de atarte. Estaba entumeciéndote las alas, sin darme cuenta, volviéndome también un pájaro asustado en tu regazo.

Pasa una semana dentro de cada día de estos; tú y yo decimos tiempo y estamos diciendo cosas diferentes. No hemos intentado volver a quienes fuimos, eres demasiado inteligente como para jugar a los muertos. No hemos sabido ser los de ahora sin derribar nuestra casa. Yo vivía allí, en lo nuestro, y ahora busco calor entre muros reales.  Mi tiempo se llena de gente que apenas te nombra, la vida te evidencia prescindible. Y algunos ratos pataleo y otros sólo duermo y otros, y esto es lo peor, la vida está gorda de belleza sin saber qué es lo que haces, justo ahora que yo escribo, en qué piensas, qué labios lames, cómo disfrutas de serte enteramente sin mis risas ni mis bailes ni mis quejidos ni mis dudas ni mis confesiones ni mis frenos. La vida es una perra vieja que me muerde la garganta cada vez que intento decir que me muero.

Casi todas las canciones hablan de esto. Casi todos los poetas. Los tópicos que creímos vencidos se abalanzan contra tu espalda y mi espalda, que están mirándose de lejos. Tu espalda cada vez más pequeña. Te giraste a la vez que estabas yéndote, creo que me lanzaste un beso. Como en todas las canciones todas las películas todas las despedidas hermosas. Pero no fue un beso hermoso, un beso al aire es sólo la ficción de un beso.

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