lunes, 20 de mayo de 2013

Ahora sé que era prudencia
lo que te hacía callar que me estaba equivocando
todas las veces pequeñas que me viste hacerlo y, sobre todo, esa vez grande.
Sólo fui capaz de volver a nombrarte entera
cuando dejé de estar arrepentida
de las habitaciones que no hicimos nuestras.
Antes, dolió más el silencio de lo que dolió la herida;
aliento intocable de boca roja.

Puede que tú fueras realmente tú y toda yo
una improvisación
aún cruda
de mi otra.
Y mirábamos allá en el frente las fronteras que te impuse,
fingiendo que no estábamos muertas de prisa.

2 comentarios:

  1. "Sólo fui capaz de volver a nombrarte entera cuando dejé de estar arrepentida de las habitaciones que no hicimos nuestras".

    El arrepentimiento es más valiente de cobardía porque nos obliga a mirarnos cara a cara con el espejo. Por eso es un arma en manos de ciertas religiones, porque te obliga a detenerte y a juzgarte con normas que son tuyas sino de otros.

    Aunque a veces, arrepentirse sólo es pensar que habías tenido que sujetar más fuerte el hilo de la cometa.

    Abrazo

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    1. Gracias por no dejar de estar después de todo este tiempo. Creo que vivo, ahora, menos el arrepentimiento que la búsqueda, y la búsqueda suele hacérseme fértil para escribir. Así que me encantará que vuelvas a pasarte por aquí para compartir verdades y ficción.
      Abrazo grande,
      i.

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