sábado, 6 de abril de 2013


Yo a ti te gustaba muchísimo. Sí hombre sí, tienes que acordarte. Mira: llevaba un cuadernito pequeño y escribía. Qué se yo, cosas. Me comía los cereales con la mano, que sí, metía la manaza en el tazón de leche y rescataba en la palma cereales integrales Deliplus y tú decías, cerda, qué cerda eres, y nos reíamos. No estoy triste por haber dejado de gustarte pero, mira, quiero que te acuerdes, yo tenía pulseritas de cuero enroscadas en un rollo de papel higiénico sin papel higiénico, me iba a venderlas al retiro, ¿ya te acuerdas?, esa pulserita que ya no te pones pero te ponías, era mía, o sea tuya, la hice para ti, bueno no para ti, pero la compraste. Si te quito esta cajita de pastillas y te acuerdas, de una vez, de que tú me querías mucho y de que cuando fuéramos mayores nos íbamos a casar en la montaña, prométeme no decírselo a la enfermera. Ya somos mayores.

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