martes, 6 de septiembre de 2011

Foto: Duane Michals



De casualidad; yo estaba sentada en el taburete rojo mirando cómo regaba las plantas, el café ardiendo, me di cuenta del polvo, le dije ''qué de polvo'', ¿dónde?, ''en aquella estantería''. Y dice que fue ahí, que se le ocurrió de golpe. Me pareció una idea fenomenal. Decía que se le habían encogido las piernas de usarlas, y que en aquel edificio no cabía un ascensor, y que tenía la intención de quedarse en casa todo su tiempo y también todo el tiempo del mundo que le cupiese en su tiempo, claro, más no. Pero que era una pena. Por ellos, digo. Olía a café y olía a que las plantas estaban bebiéndose el agua. ''¿Pero hace falta que los lea?'' y me dijo que qué va, que estaban todos usados, que sólo los llevase de paseo.






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