sábado, 13 de agosto de 2011

visión

la habitación es un cuadrado exacto. tiene las manos sobre las piernas, ella, sentada, ofrece las palmas al cielo y me dice: yo creo. un hombro desnudo, la camiseta manchada de leche a la altura del pecho flácido. En frente, mi padre escribe a cámara rápida sobre pentagramas de astillas de madera pegadas, una tras otra a la pared, hasta formar falsas paralelas. se gira a mirarme de cuando en cuando, echando babas y silbidos que yo repito sobre la guitarra. en medio de la habitación exacta. a ti nunca te gustó, aprendí dónde clavar los dedos, conozco la presión. Toco y a mi madre le sangran las yemas, la sangre brota hacia el cielo, yo creo, en línea recta; de cada mano sube un pentagrama líquido, rojo. él se gira, brusco, se le ha pegado al cuerpo todo el hollín de alguna chimenea, corre hasta ella, unta sus manos sobre el cuerpo negro, escribe delirios entre la sangre de ella, negros, y a los dos se les va cubriendo la piel, desde los pies hasta las cabezas, de un color espeso a medio hacer, un baño de leche condensada, que huele al pollo que despellejan sobre la mesa a tu hermana no le gusta con piel. giro los ojos hacia adentro, me veo el embrión de la migraña, allá arriba a la derecha, enciendo un lanzallamas.

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