miércoles, 29 de junio de 2011

Una vez me dijo que era idiota, llenándolo todo de grises en mis fotografías pudiendo contar, por ejemplo, ''limones encima de la mesa del jardín''. Contarlo en amarillérrimo. Que soy una romántica, cuita inveterada, y mentí cuando le dije que prefería idiota. Solía amenazarme con encender la luz, ¡zas! chorreando ingenuidad para coloreármelas. Yo le pedía que se lanzara por el Viaducto de Segovia o que se sentara a leer en el sofá. ¿En alto?, y le dejaba, porque ya me había acostumbrado a su canturrear las frases como en un concierto de hip hop. La tarde en la que dijo: a. femenina. Primera letra del abecedario español y del orden latino internacional, que representa un fonema vocálico abierto y central, me enamoré. De golpe. Y se me olvidó que debía dinero del alquiler y que por las mañanas me robaba leche. Salí del cuarto de revelado para sentarme en el sofá de en frente. Le dije: ''nunca te he hecho una foto''; despegó los ojos del diccionario. ''Tiene que ser azul''. ''¿Para qué la quieres azul?''. ''Para que no sea gris''. ''No sé hacerlas azules''. ''Entonces no''. Volví al cuartucho y él leyó que ababa es amapola. ''¿Y roja?''. ''Roja, vale''.











Ce y De. foto: Caye.







2 comentarios:

  1. Ay, mi comentario se registró en la otra entrada, bueno, ya sabes a qué me refiero.

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  2. Me alegro mucho de que te guste ese norincón, Yun. Bievenida.

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