viernes, 22 de abril de 2011

Flores

Yo tenía muchos vestidos de flores, de esos medio transparentes, antes de que se pusieran de moda. Las otras siempre me tuvieron envidia, por la ropa y porque yo sí que sabía cuidar de mi niño; nada más despegarme el sudor de la frente lo metía enterito en el bidé para limpiarle el cuerpo y los ojos y los oídos. Y luego, ya arropado, me inventaba canciones para él. Yo sabía que no estaba hecha para eso que ellas, que las demás se aguantaban porque no valían ni lo que los hilos que me traía a mí Don Alfredo. Hasta que cantase les irritaba; la Josefina me pegaba con el puño hecho una roca contra la pared y ni por esas se me asustaba el crío, porque nació para valiente, parido en aquel antro palacio del vicio y siempre tan brillante su sudor tan limpio, mi frente chorreando grises y mi niño tan brillante como un milagro brotándome blanco del negro negrísimo de mi sexo. Yo ya sé que los niños se mueren fácil, pero el mío era distinto.

Mi bebé iba a ser listo a él no le importaba ni siquiera estar allí, habría valido para cualquier cosa. No gritaba cuando me escuchaba que gritaba yo, con Don Alfredo cosiéndome los muslos a su vientre. A las otras les molestaba que solo se encerrara en mi cuarto, tan joven y tan bien vestido. Así siempre, me decía, bordada en mí, bien apretados, para que a ningún hijo de puta se le olvide que esto es mío. Que me quería mucho, y yo aprendí a quererle un poco. Luego se quedaba dormido encima de mí y entonces sí, mi niño y yo llorábamos en bajito porque a mí se me estaban rompiendo los huesos. Y sobre todo porque al final siempre tenía que irse a no sé qué y me sujetaba fuerte contra la cama para separarnos de un único tirón. Hasta lloraba él, a veces.

Pero ya no me pongo esos vestidos, los de flores. Me sacó en brazos de allí, como a una princesa, todas nos vieron la sangre que nos mojaba la ropa y decían Adiós, adiós con sus manos asquerosas. Dijo que mucho mejor que el crío, que iba a fabricarme una muñeca de trapo rojita y rechoncha como yo, que él iba a ser el único en colgarse de mis tetas.

6 comentarios:

  1. Te sigo las horas, de lejos, como quien entra en una casa en el susurro de calcetines de algodón blanco. Hoy te leo y pienos que, a veces, me gusta demasiado leerte una segunda vez.

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  2. Siempre es un placer saberte de visita, aunque te hagas el invisible dentro de los calcetines. Y siempre muchas, muchas gracias.

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  3. desgarrarnos en el lienzo. más besos.

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  4. "qué bonito"

    Egos aparte, eres buena. Y vas a serlo más aún. Y más, y más.

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