domingo, 19 de diciembre de 2010

Tenía todos sus días para adiestrarse el desnudo renacentista. Cada vez sabía más sobre su tacto, conocía nuevas sendas y maneras. Ella, siempre con ella, todos sus días. Se sabía afortunada sabía, que todos los que la miraban deseaban el cuerpo. Y sabía también que todos los que amasaban el cuerpo marchaban con la sensación, hueca y aturdida, de escalera de caracol. Por eso se esforzaba ella, toda su ella en contar las maneras, desgranar las pistas que ofrecer a la otra parte. Y siempre era igual. Fue enfermando de sola. Siempre la carne apretándose contra la columna comba y siempre la voz del a punto del casi del no. La voz del no, siempre, del hoy tampoco. Todos sus días con todos repletos de tampocos. El cuerpo, toda la suerte de ser el cuerpo condenado a la unidad.

4 comentarios:

  1. delicioso molde de sombras.
    delicioso.


    (abrazos reflectantes),
    jyg

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  2. Qué figura de texto. Como el cuerpo, una unidad. Genial :D

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  3. Bienvenido y gracias, hache hache. Me encanta que veas el texto como una figura.

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