lunes, 25 de octubre de 2010

todo

Todas las cosas en las que no estás
y que no te pertenecen, no te reconocen, seguro, si vienes.
Como no reconocería yo tu tacto, hoy,
tu piel, creo que de mandarina,
creo que en los brazos.
Estaba en el autobús imaginando
que te sentabas a mi lado sin mirarme
y se me metía por la nariz el olor
que hace años me convertía en una fiera.
Yo no me inmutaba ya no habría
ninguna cima si nos tumbábamos en el suelo,
ni vino para que pudieras reírte de mí
y yo pudiera mirarte el culo.
Imaginaba
que me ponías la mano sobre la rodilla
descuidada
y yo no notaba los dedos que fueron tus dedos,
que estiraban mi vestido para que se fuera,
y enredabas con mis dedos para que dejara
de sentirme Una.
O que de repente me besabas sin permiso
(suelo imaginar que beso a extrañas)
y el nuestro era un beso de extrañas
porque ya no sabías morderme
la punta de la lengua justo
cuando yo la saco.
Aunque también te he imaginado sentándote
a mi lado en el autobús
sin decir ni mú, sin saber quién fui,
sin rozarme;
y he pensado que todo
eso que llamábamos todo
ya por entonces era
diminuto.

1 comentario:

  1. fue siempre un autobús diminuto...

    me encanta.

    un abrazo,
    g.

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