jueves, 1 de julio de 2010

''me toca el cuarto grande''













Hoy nos hemos mudado de habitación. Ha puesto un disco de reagge y se ha afeitado tanto que parecía un quinceañero. El suelo tenía pelusas gigantes que nos trepaban los tobillos, yo las he barrido mientras bailaba subida al sofá. Sabía perfectamente que estaba detrás y que me miraba el culo antes de que se haya acercado. Cada rincón del cuarto nuevo me parecía una invitación a la lectura, al sexo, a las pelis, al descanso, a la intimidad.

Luego hemos vuelto a la habitación de hacía un rato (primer pasillo todo recto, segundo pasillo a la izquierda). Al hueco de la cama, a los trastos amontonados sobre la mesa vieja. Me he arrinconado sobre las baldosas que le corresponden a la almohada y me he concentrado un rato en la pena. Él se ha agachado hasta mis piernas, acariciándome con el olor a limpio de la mejilla casi suave.

Me ha preguntado si quería papel y boli. Después he escrito cursiladas sobre cómo cada habitación tiene su historia, y he hecho una especie de lista que iba desde el jefe Joseph, manco de chinchetas, hasta los martillazos para construirnos el somier, pasando por su carta mientras yo dormía. He pensado que siempre estoy fea en las mudanzas. Y que soy estúpida por aplastarme como un insecto contra la pared, como si ella pudiera devolverme el abrazo.

Cuando le he pedido que me resumiera esa habitación, ha dicho que la ha sentido nuestra. Y yo sé que no ha sido mi cuarto. Y también sé que tiene razón.

2 comentarios:

  1. Pero como vas a tener tiempo de contestar los mensajes con tanto amor por dios!!! Fantástico todo.

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  2. ¡Fantástica tú!, ¡y prometo sacar tiempo de donde haga falta para contestar a tus mensajes!

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